Proponen algunos estándares y tareas para construir una cultura de liderazgo y gestión

PROF., DR. HOANG CHI BAO
Experto sénior, exmiembro del Consejo Teórico Central
19:30, 05-14-2024

Revista Comunista- La cultura de liderazgo y gestión desempeña un papel muy importante en la promoción, el ajuste y la mejora de la calidad y eficiencia operativa y organizacional del sistema, al tiempo que limita los efectos negativos del cambio social. En el período actual, es imperativo construir y cumplir estándares culturales en el liderazgo y la gestión.

El miembro del Buró Político y presidente de la Asamblea Nacional de Vietnam, Vuong Dinh Hue, se reúne con los pobladores del distrito de Thuan Thanh, provincia norteña de Bac Ninh _Foto: Agencia Vietnamita de Noticias

En la causa de renovación e integración internacional, Vietnam se esfuerza por construir una cultura avanzada e imbuida de identidad nacional, con las características de nacionalización, humanismo, democracia y ciencia. Los valores y estándares culturales, incluida la cultura de liderazgo y gestión, reflejan ese sistema de valores único y pueden entenderse como principios y normas. Los criterios de la cultura de liderazgo y gestión para los líderes y gestores, como sujetos, también siguen y demuestran esos estándares.

Hace 80 años, el Esquema de la Cultura del Partido Comunista de Vietnam identificó la nacionalización, la ciencia y la masificación como la base de la cultura nacional.

El Presidente Ho Chi Minh enfatizó que la cultura debe iluminar el camino de la nación. La cultura está dentro de la economía y la política. El prócer de la independencia vietnamita también defendió que la política debe integrarse profundamente en la vida del pueblo. Para ello, la política debe convertirse en cultura política. El gran y moderno pensamiento del líder revolucionario apareció en un momento decisivo de la historia, cuando toda la nación se mostraba decidida a proteger la independencia y la libertad, tal como dice la frase: “Preferimos sacrificar todo antes de perder nuestro país y ser esclavos”(1). En su discurso en la primera Conferencia Nacional de Cultura, el 24 de noviembre de 1946, en el Gran Teatro de Ópera de Hanoi, afirmó claramente: “La nueva cultura de Vietnam debe basarse en la felicidad del pueblo y la nación, y adquirir lo bueno de las culturas extranjeras, creando una cultura vietnamita que corrija la corrupción, la pereza, la vanidad y el lujo, y en la que todos profesen el ideal de autodeterminación e independencia”(2). La nueva cultura vietnamita debe tener la capacidad de absorber todos los aspectos buenos de todas las culturas del mundo para su enriquecimiento y vitalidad, al tiempo que también debe aportar su quintaescencia al desarrollo de la humanidad. Esta es una ideología de creatividad, renovación e integración, utilizando adaptaciones culturales para el desarrollo. La nueva cultura de Vietnam debe mostrar vitalidad, resistir la vanidad, el lujo, la burocracia y la corrupción. Asimismo, el ejercicio de la democracia en la construcción del sistema político y de la sociedad en general, requiere tener el alcance de la práctica cultural, especialmente la cultura de liderazgo y gestión en la que el contingente de líderes y gestores se desempeñan como vanguardia y núcleo para nacionalizar, cientificizar y popularizar la cultura, en materialización de su papel de fuerza motriz y objetivo desde la perspectiva de las normas de la cultura de liderazgo y gestión.

Resulta crucial aplicar el pensamiento de Ho Chi Minh sobre la cultura y el ser humano como un mensaje para el desarrollo, basándose en ella para determinar los criterios de la cultura de liderazgo y gestión, específicamente:

En primer lugar, los estándares sobre la educación y el aprendizaje.

Los líderes y gestores deben prestar atención a la practicidad y utilidad, el nivel de pensamiento teórico, la visión, la capacidad de innovación, la actitud y la disposición para innovar y participar proactivamente en ese proceso, acompañando a la nación en la renovación para el desarrollo. Deben dar el ejemplo, luchar contra el dogmatismo, el conservadurismo y la inercia, así como el extremismo, el nihilismo, el escapismo de la realidad, la negación de la tradición y los nuevos dogmas como la dependencia externa, que induce a riesgos de perder identidad y dirección, especialmente en términos políticos. La educación y el aprendizaje deben transformarse en métodos, pues es imperativo tener el hábito y la necesidad de autoestudio y autoformación durante toda la vida. Siempre hay que “autorrenovarse” para promover la renovación social y se debe medir basándose en la efectividad del trabajo.

Se aconseja estudiar verdaderamente para tener una capacidad y talento reales, así como la virtud, centrándose en la práctica. Se necesita tener capacidad práctica, imbuida de teoría para su aplicación. Hay que ceñirse estrechamente a la práctica para verificar las teorías existentes y descubrir otras nuevas. Es necesario saber utilizar la teoría como un método, siguiendo el ejemplo del Presidente Ho Chi Minh, y aplicar ese método en el liderazgo y la gestión, analizando claramente su relación e impacto. Uno de los parámetros para medir la capacidad de liderazgo y gestión radica en cambiar la situación en una dirección positiva, que tenga un impacto en las personas y un efecto indirecto en el trabajo y el entorno, conllevando a la satisfacción de los pobladores. El nivel de educación y aprendizaje, si no es consistente con el grado académico, resultará aún más inconsistente con la cultura.

En el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, la educación y el aprendizaje deben responder a las nuevas exigencias de la época y estar a la par del mundo. Resulta crucial adaptarse a los “ciudadanos globales”, líderes y administradores con una visión mundial y la integración internacional, y al mismo tiempo explorar creativamente el camino y los métodos de desarrollo de Vietnam.

En segundo lugar, los estándares sobre la ética, el estilo de vida y la personalidad.

Los líderes y gestores necesitan tener cuatro virtudes: laboriosidad, ahorro, integridad y rectitud, especialmente las dos últimas. Deben erigirse en ejemplos de la moral y la integridad, tener coraje y valentía para no caer en la tentación de la fama y la fortuna, encarnadas en el dinero, posición y poder injustificados. Debido a la falta de integridad y rectitud, uno puede volverse deshonesto y perder el honor, no sólo no puede ser un ejemplo para los demás, sino que también estimulará y cultivará con ello los malos hábitos de aquellos bajo su autoridad, corrompiendo a los funcionarios y debilitando al sistema y todas las instituciones, y en última instancia dañando al pueblo y erosionando su confianza. Esta es la pérdida más grande y peligrosa. Si el liderazgo y la gestión no cuentan con un “pedestal” sólido con la ética y la dignidad de los cuadros, especialmente de los líderes, la degradación y la degeneración, que conducen a la corrupción por el poder y el colapso de las carreras, serían inevitables. Las normas de la ética, el estilo de vida y la personalidad deben considerarse una prioridad fundamental, la raíz de todos los estándares. Tienen que ser el punto más destacado de la cultura de liderazgo y gestión. El talento puede ganar la admiración de la gente, pero la virtud consolida su confianza. Sólo con el talento y la virtud suficientes, uno puede ser digno de ser líder y gestor.

Los líderes y gestores en todos los niveles, desde el central hasta el local y en la base, deben dar el ejemplo primero para que el contingente de cuadros, miembros del Partido y funcionarios públicos esté comprometido a servir al pueblo y al país. Todo por la felicidad del pueblo; no es una idea que se limita a declaraciones y consignas, sino que debe convertirse en acciones que traigan beneficios prácticos en la vida para que todos los pobladores puedan sentirlos directamente y disfrutar de los resultados y beneficios diarios. Se trata de un índice integral para medir la capacidad, cualidad, valentía y reputación de los líderes y gestores, que el pueblo evalúa y reconoce.

En tercer lugar, los estándares sobre el espíritu de ser pionero, ejemplar y responsable.

El Presidente Ho Chi Minh afirmó que la ejemplaridad es el mejor método de liderazgo, el cual recibe el mayor consenso del pueblo: “Los miembros del Partido van delante, el pueblo los sigue”. Los líderes y gestores deben actuar como modelos ejemplares y pioneros entre los militantes y las masas. Deben dar el ejemplo en todos los aspectos, desde la ética, el estilo de vida, la actitud y su comportamiento con el pueblo, con un espíritu de respeto y cortesía. Hay que manifestar esa cualidad en todos los trabajos, en el aprendizaje, la crítica y autocrítica, con honestidad y humildad. Las palabras deben ir acompañadas de acciones, es decir, hablar menos y hacer más. La ejemplaridad se refleja también en la cercanía al pueblo, nunca alejarse de los pobladores ni permitir la burocracia y, menos, la corrupción. La transparencia demuestra toda la bondad y “rectitud” de los líderes y gestores. Resulta necesario anteponer los intereses comunes a los personales. Para construir un colectivo, más ampliamente, un entorno social solidarios, justos, democráticos y equitativos, los líderes y gestores deben usar sus acciones para construir fuerzas y cultivar movimientos que reúnan toda la fortaleza, iniciativa y creatividad del pueblo. Cuando los funcionarios actúen como modelos ejemplares, sean honestos y demuestren consagración, las masas los seguirán, en aras de una vida sana y positiva. La democracia, la creatividad y la renovación crean vitalidad dentro de los colectivos y en la sociedad. Para ello, los líderes y gestores deben dar el ejemplo y atreverse a pensar, hablar, hacer, asumir responsabilidades, enfrentarse a las dificultades y afrontar con determinación la renovación, con propósitos y motivos puros, por el pueblo. En la actualidad, con las nuevas exigencias de desarrollo, los estándares de la cultura de liderazgo y gestión deben dar énfasis en el espíritu de ser pioneros, ejemplares y responsables.

En cuarto lugar, los estándares sobre el autoentrenamiento, la autocrítica y la crítica.

Se trata del criterio de autoconducta y comportamiento cultural de líderes y gestores. En el autoentrenamiento a lo largo de toda la vida, en primer lugar, hay que ser un ejemplo para todos en el estudio y el autoestudio de experiencia y profesión, y en la reforma y renovación constantes para promover el desarrollo y avanzar hacia el cambio, “eliminar lo viejo para crear algo nuevo, destruir lo malo para crear algo bueno” (3). Solo cuando uno se autocritica con sinceridad, puede evaluar a los demás con seriedad y honestidad, “camaradería y afecto mutuo”(4), de manera razonable y armoniosa. El Presidente Ho Chi Minh aconsejó a los cuadros y miembros del Partido, particularmente los líderes y gestores, que sean estrictos consigo mismos y tolerantes con los demás(5). Hay que dotar de un corazón de altruismo, bondad y tolerancia. “Criticar acciones, no a personas”(6). Criticar para fomentar la solidaridad, cooperar para incentivar la responsabilidad comunitaria, “preservar la solidaridad y la unidad de voluntad del Partido como la pupila del ojo”(7).

Quinto, los estándares sobre la atención a las personas y su felicidad.

La felicidad es el punto donde convergen todos los esfuerzos de liderazgo y gestión al servicio de las personas y sus vidas. Los líderes y gestores deben ser la encarnación de la atención, la consideración y la simpatía hacia todos, especialmente aquellos bajo su autoridad. Es preciso tener benevolencia, pensar y cuidar siempre de las personas, tanto material como espiritualmente; actuar resuelta y estrictamente pero también ser tolerante y generoso. El estilo de liderazgo y gestión debe hacer que las personas confíen, tengan esperanza y se sientan justas y prospectivas. El comportamiento civilizado incentiva la fe y esperanza de las personas, y fomenta la cercanía entre sí debido a que se les trata de manera justa y se les anima. Gracias a los estándares culturales ejercidos, la comunidad confía, apoya y sigue a los líderes y gestores. Esas normas ayudan a los líderes y gestores a tener personalidades cultas, creando una motivación espiritual para un desarrollo saludable en la comunidad y la sociedad.

Los cinco estándares culturales de liderazgo y gestión mencionados anteriormente son sugerencias y direcciones importantes para determinar las tareas relacionadas con el desarrollo de la cultura, especialmente la de liderazgo y gestión.

Primero, se debe crear avances para evitar la degradación y el deterioro de la ética social, los cuales deben partir desde la conciencia y el honor de todos, particularmente los funcionarios, militantes del Partido, líderes y gestores. Es imperativo incentivar la crítica social, condenar lo malo, malvado e insensible, además de promover, defender y seguir factores correctos, buenos, progresistas y nuevos.

Hay que defender la ley, sancionar estrictamente las conductas negativas, los vicios y los delitos; reactivar la educación, la ética y la cultura. Es preciso cumplir las instrucciones del Presidente Ho Chi Minh, alentar a las personas y los actos que se destacan en la emulación patriótica y honrar ejemplos humildes pero nobles. Se  debe fortalecer la educación moral en la familia, la escuela y la sociedad. Es necesario enseñar sobre la autoestima y el honor dentro del Partido y sus comités, e incluir en los Estatutos del Partido contenidos éticos y persistir en su implementación a través de un sistema de regulaciones estrictas. Se debe confiar en el pueblo para la construcción y rectificación de las filas partidistas, formulando así estándares culturales de liderazgo y gestión para su aplicación y práctica.

Segundo, es necesario incorporar el contenido de los estándares culturales de liderazgo y gestión en los programas de formación del sistema universitario y académico. Hay que impulsar la capacitación para los funcionarios, especialmente a los líderes y gestores jóvenes, talentosos, virtuosos y prometedores con perspectivas a largo plazo, centrándose en particular en aquellos a nivel estratégico, mediante los programas de formación en el sistema de educación política del Partido, el Ejército, la Policía y las organizaciones sociopolíticas desde el nivel central hasta el local.

Tercero, la investigación teórica debe asociarse con el balance de la práctica de los estándares culturales de liderazgo y gestión según el pensamiento y el legado de Ho Chi Minh, a fin de construir un ambiente cultural saludable en la sociedad, y primeramente en el Partido./.

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(1) Ho Chi Minh: Obras completas, Editorial Política Nacional Su That (La Verdad), Hanoi, 2011, tomo 4, pág. 534
(2) Ho Chi Minh - Crónica biográfica, Editorial Política Nacional Su That (La Verdad), Hanoi, 2016, tomo 3, pág. 321
(3) Ho Chi Minh: Obras completas, Ibíd., tomo 2, pág. 284
(4) Ho Chi Minh: Obras completas, Ibíd., tomo 15, pág. 611
(5) Véase: Ho Chi Minh: Obras completas, Ibíd., tomo 2, pág. 280
(6) Ho Chi Minh: Obras completas, Ibíd., tomo 5, pág. 272
(7) Ho Chi Minh: Obras completas, Ibíd., tomo 15, pág. 611
Este artículo fue publicado en la Revista Comunista No. 1024 (octubre de 2023)