A lo largo de la historia de construcción y defensa de la nación, el pueblo vietnamita ha forjado un sistema de valores espirituales propio y duradero, que se ha convertido en una fuerza endógena decisiva para todas las victorias de la revolución. Entre estos valores destacan el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en sí mismo y el orgullo nacional, que condensan la tradición histórica, se han forjado a través de las luchas por la supervivencia y siguen fortaleciéndose en el proceso de renovación, integración internacional y desarrollo nacional. Despertar y promover estos valores no solo posee un significado espiritual, sino que también constituye una gran fuerza motriz y un recurso material para fortalecer el potencial, la posición y la capacidad de autodeterminación de la nación, impulsando así a Vietnam hacia un desarrollo rápido y sostenible.
El secretario general del PCV y presidente de la nación, To Lam, asiste a la reunión ordinaria del Gobierno correspondiente a junio de 2026 y a la conferencia en línea entre el Gobierno y las localidades _Foto: VGP
1- Promover el esfuerzo propio, la fortaleza, la confianza en sí mismo y el orgullo nacional: el fundamento de la fuerza del pueblo en la nueva coyuntura
La historia de Vietnam es una hazaña extraordinaria lograda por una nación que, a pesar de su modesta extensión territorial y población, posee una fuerza intrínseca única que ningún invasor logró jamás someter. A lo largo de las distintas etapas de su historia, Vietnam ha tenido que hacer frente a fuerzas muy superiores en poderío, a complejas convulsiones geopolíticas y a los desafíos internos del proceso de desarrollo. Lo extraordinario es que el pueblo vietnamita no solo ha logrado mantenerse firme, sino que también ha salido fortalecido de cada prueba.
La raíz de esa extraordinaria vitalidad reside en el espíritu de valerse por las propias fuerzas y de superarse, forjado a lo largo de la historia; en la confianza en la capacidad y la inteligencia del pueblo vietnamita; y en el orgullo nacional que arde constantemente en el corazón de cada vietnamita. Estos valores se entrelazan y generan una singular fuerza endógena que ha hecho posibles todas las grandes victorias, desde la fundación del país bajo los reyes Hung, pasando por las dinastías que resistieron las invasiones extranjeras, hasta la Revolución de Agosto de 1945, las grandes guerras de resistencia y el actual proceso de renovación e integración internacional.
El espíritu de valerse por las propias fuerzas, la base y el punto de partida de toda victoria
En las condiciones actuales, el espíritu de valerse por las propias fuerzas se entiende como la capacidad de apoyarse en los recursos internos del país y en el potencial humano del pueblo vietnamita para responder a las exigencias del desarrollo. Para los cuadros y militantes del Partido, este espíritu se manifiesta, ante todo, en una actitud proactiva, sin esperar pasivamente ni depender de la ayuda externa. También se refleja en el empeño y el esfuerzo al máximo para superar todas las dificultades y desafíos y cumplir los objetivos y las tareas encomendadas. Valerse por las propias fuerzas no es solo una actitud, sino también un camino y un método de trabajo. Exige que los cuadros piensen por sí mismos, busquen sus propias vías y métodos de actuación, determinen sus propias soluciones y asuman la responsabilidad por la eficacia del trabajo y el cumplimiento de las tareas asignadas.
El espíritu de valerse por las propias fuerzas también se manifiesta en el aprendizaje y la formación continuos para mejorar la capacidad creativa en el trabajo. En la economía digital, caracterizada por la rápida evolución del conocimiento y una competencia feroz, los cuadros y los militantes deben aprender y perfeccionar constantemente sus habilidades para generar nuevo valor y mejorar la calidad del liderazgo, la gestión y el cumplimiento de sus responsabilidades. La adquisición proactiva de nuevos conocimientos científicos y tecnológicos, el perfeccionamiento de los métodos de trabajo y la adaptación al cambio son expresiones tangibles de un espíritu de valerse por las propias fuerzas y de tomar la iniciativa.
Para los cuadros y militantes del Partido, valerse por las propias fuerzas implica tener una actitud proactiva y consciente, estar dispuestos a asumir responsabilidades y no temer las dificultades ni las privaciones. Por ello, cada cuadro y militante debe desempeñar un papel pionero y ejemplar, atreverse a pensar y actuar, y no eludir las tareas encomendadas. Cuando cada cuadro y militante promueve este espíritu, el sistema político puede funcionar con mayor eficacia y eficiencia, generando una fuerza conjunta que impulse el avance del país.
El espíritu de fortaleza propia, factor que genera valor y fuerza para impulsar el éxito
El espíritu de fortaleza propia constituye la continuación lógica e inevitable del espíritu de valerse por las propias fuerzas. Se manifiesta en una voluntad firme y perseverante, que no se doblega ante ninguna dificultad, así como en el esfuerzo constante por superarse y avanzar, creando valor por medios propios y desarrollando tanto la fortaleza espiritual como la material. A lo largo de la historia de la nación, este espíritu ha sido un factor decisivo para alcanzar grandes victorias y posibilitar que el país supere desafíos críticos. En la actualidad, el espíritu de fortaleza propia de los cuadros y militantes del Partido constituye una condición indispensable para superar dificultades y desafíos, defender firmemente la independencia y la autodeterminación del país, y mantener una firmeza inquebrantable frente a los efectos negativos derivados de la integración y la competencia internacionales.
La fortaleza propia se manifiesta, ante todo, en la firmeza política, la perseverancia en los objetivos y los ideales socialistas, así como en la adhesión a la política de Renovación del Partido. En el entorno digital, donde confluyen múltiples corrientes de información y las acciones de sabotaje de las fuerzas hostiles se vuelven cada vez más sofisticadas, los cuadros y militantes del Partido deben contar con la capacidad de identificar y analizar la información, comprender correctamente la naturaleza de los hechos, mantener sus posiciones y no vacilar ante ninguna información falsa o distorsionada.
La fortaleza propia también se manifiesta en la capacidad de superar las dificultades, avanzar y estar preparados para afrontar las adversidades y los desafíos. Para los dirigentes, la fortaleza propia se manifiesta en el valor de pensar, actuar y asumir responsabilidades, dar un paso al frente y asumir el liderazgo en situaciones difíciles, luchar contra los fenómenos negativos, la corrupción y los intereses de grupo, y actuar con determinación en defensa de los intereses comunes del Partido y del pueblo. En el caso de los cuadros y militantes, la fortaleza propia también se manifiesta en la capacidad de ampliar sus conocimientos por iniciativa propia, elevar su nivel de preparación en todos los ámbitos y mejorar sus capacidades de dirección, de combate y sus competencias de gestión, a fin de estar en condiciones de cumplir con éxito los objetivos y las tareas, así como las responsabilidades y funciones que les han sido encomendadas. Cuando los cuadros poseen un sólido espíritu de fortaleza propia, el país cuenta con una base firme para avanzar por el camino de la integración y el desarrollo.
El espíritu de confianza en uno mismo: factor que permite superar todas las dificultades y desafíos para alcanzar el objetivo final
La confianza en uno mismo es la convicción firme en las propias capacidades y aptitudes para resolver uno o varios problemas difíciles y afrontar los desafíos que surgen en la vida y en las actividades humanas. Para los cuadros y los militantes, la confianza en sí mismos se manifiesta, ante todo, en la convicción fundamentada y firme en los objetivos e ideales del Partido, en el socialismo y en la vía hacia el socialismo elegida por nuestro Partido, nuestro pueblo y el Presidente Ho Chi Minh. Se trata de mantener la serenidad y la firmeza ante los complejos cambios de la situación mundial y regional, sin vacilar frente a las dificultades y los desafíos ni dejarse desconcertar por los argumentos tergiversadores y las acciones de sabotaje de las fuerzas hostiles.
La confianza en uno mismo no debe confundirse con una actitud subjetiva y voluntarista, sino que debe sustentarse en una convicción científica en la verdad y los valores perdurables del marxismo-leninismo y del pensamiento de Ho Chi Minh, en la confianza en la fuerza del pueblo, en la voluntad, la fortaleza, la inteligencia y el temple de la nación vietnamita, así como en la confianza en el liderazgo del Partido y en el camino de construcción y desarrollo del país elegido por nuestro Partido, el Presidente Ho Chi Minh y nuestro pueblo. En la nueva era, la confianza en uno mismo no significa actuar con subjetividad ni caer en la autocomplacencia, sino adoptar una actitud positiva y proactiva, manteniendo firmemente la independencia, la autonomía, la capacidad de valerse por las propias fuerzas y la fortaleza propia. Los cuadros y militantes del Partido que poseen este espíritu de confianza se atreven a impulsar la renovación y la innovación, y a incorporar la ciencia y las tecnologías avanzadas. Asimismo, la confianza en uno mismo les ayuda a superar las reticencias y el temor a cometer errores o asumir responsabilidades, contribuyendo así a crear un entorno propicio para la innovación en todo el sistema político. Cada cuadro y militante del Partido solo puede tener una confianza verdaderamente sólida cuando comprende correcta y profundamente los conocimientos de su ámbito de competencia y es capaz de dominarlos.
La confianza en sí mismos de los cuadros y militantes se cultiva y desarrolla sobre la base de la ética revolucionaria. Quienes poseen una ética revolucionaria firme demuestran la fortaleza necesaria para superar todas las dificultades y tentaciones sin caer en la arrogancia, la vanidad, la autocomplacencia o el autoritarismo; por el contrario, su confianza se caracteriza por la serenidad y la humildad, manteniéndose al mismo tiempo inquebrantable. Esta confianza se mide por la capacidad de acción: concretamente, por la disposición a actuar en aras del bien común y asumir la responsabilidad personal en nombre del colectivo y de la causa común del Partido y de la nación. En las actuales circunstancias, tener confianza en uno mismo también significa atreverse a innovar dentro del marco de la disciplina y el orden establecidos, saber equilibrar la creatividad con el respeto a los principios, la determinación con la prudencia y los intereses inmediatos con los de largo plazo.
La confianza en uno mismo no depende del cargo que se ocupa ni de los años de servicio, sino de la capacidad de pensar de manera independiente, analizar, prever y organizar eficazmente la ejecución de las tareas encomendadas. Para los cuadros y los militantes, la confianza no es un rasgo innato ni algo que simplemente se transmite; más bien, es el fruto de un proceso que conlleva aprendizaje, consagración, cultivo moral y experiencia práctica. Se trata de una confianza que se pone a prueba a través de la lucha y la superación de dificultades y desafíos. Son precisamente los objetivos y los ideales, el entorno de disciplina, democracia y unidad dentro del Partido, así como las exigencias y tareas de la revolución, los que nutren y fortalecen la confianza en sí mismos de los cuadros y militantes del Partido.
Hoy en día, la confianza en sí mismos de los cuadros y militantes también emana de la convicción en la fuerza de la nación. A medida que se eleva el prestigio internacional de Vietnam, cada cuadro y militante debe reconocer claramente el valor y el potencial del país, fomentando así la determinación de contribuir a la construcción de una nación próspera y poderosa. La confianza actúa como motor para una integración internacional proactiva, equitativa y eficaz. Se manifiesta a través de la firmeza política, el dominio del conocimiento, la integridad moral y una actitud proactiva en la acción; es una convicción fundamentada científicamente en los lineamientos del Partido, en las propias capacidades dentro de la estructura organizativa y en la fuerza del pueblo. Todo ello constituye una importante fuente de fortaleza espiritual que contribuye a formar un contingente de cuadros “con sólidas cualidades políticas y una elevada competencia profesional”, dotados de la firmeza, la inteligencia y el prestigio necesarios para responder a las exigencias de liderazgo y gobernanza del Partido en la nueva etapa de desarrollo del país.
El orgullo nacional, una fuerza impulsora espiritual, intrínseca y sostenible
El orgullo nacional es un valor espiritual perdurable, forjado a lo largo de la dilatada historia de lucha de la construcción y defensa del país. Para los cuadros y militantes del Partido, el orgullo nacional no es únicamente un estado emocional, sino también una base ideológica, una fuerza motriz espiritual y un referente de valores que orienta la actuación revolucionaria en cualquier circunstancia.
El orgullo nacional de los cuadros y militantes emana principalmente de una profunda comprensión de la gloriosa historia, las tradiciones heroicas, la cultura singular y el espíritu indomable del pueblo. Se trata del orgullo por una nación que ha sabido “vencer a los grandes siendo pequeños” y “resistir a los fuertes siendo débiles”; por una civilización milenaria; y por su ferviente patriotismo, su voluntad de valerse por sus propias fuerzas y fortalecerse, y su determinación de no doblegarse ante ninguna fuerza invasora. Para los cuadros y militantes, el orgullo nacional no debe limitarse al conocimiento y la memorización de la historia, sino que debe arraigarse profundamente en su pensamiento, sus sentimientos y su sentido de la responsabilidad política. El fundamento profundo de este orgullo nacional reside en comprender por qué la nación ha perdurado, por qué la fundación del PCV constituye una necesidad histórica y por qué el camino elegido por el Partido, el pueblo y el Presidente Ho Chi Minh es el correcto, en consonancia con las leyes del desarrollo de la época. El orgullo nacional de los cuadros y militantes del Partido está estrechamente vinculado a la confianza fundamentada en bases científicas en el Partido y en el socialismo. El orgullo nacional es inseparable de la fe en los ideales políticos. Se trata de un orgullo por el Partido Comunista de Vietnam -vanguardia de la clase obrera, de los trabajadores y de la nación- y una firme convicción en el objetivo de la independencia nacional unida al socialismo. Precisamente ese orgullo genera en los cuadros y militantes del Partido una “resistencia ideológica” frente a los argumentos tergiversadores que pretenden negar la historia, el papel dirigente del Partido y el camino hacia el socialismo.
El orgullo nacional actúa como una fuerza motriz intrínseca que fomenta un espíritu de consagración y servicio entre los cuadros y los militantes. Este orgullo no debe ser meramente ostentoso o superficial; por el contrario, ha de traducirse en acciones concretas. Funciona como un catalizador que impulsa a los cuadros y a los militantes a cultivar incesantemente su integridad política y ética revolucionaria, a mejorar su competencia profesional y demostrar valentía para innovar, actuar y asumir responsabilidades en aras del bien común del Partido, del pueblo y de la nación. El auténtico orgullo nacional no permite que los cuadros y militantes del Partido transijan con el estancamiento, el conservadurismo, el localismo ni los intereses de grupo; mucho menos tolera la corrupción, las prácticas negativas ni la degradación de la ideología política, la ética y el estilo de vida. Por el contrario, el orgullo nacional exige que cada cuadro y militante viva y trabaje de una manera digna de las gloriosas tradiciones de la nación, de la confianza del pueblo y del honor de un miembro del Partido Comunista de Vietnam.
El orgullo nacional entre los cuadros y los militantes constituye un valor espiritual fundamental, una base de la ideología política y una fuerza motriz interna vital para la causa de la construcción y salvaguarda de la Patria socialista de Vietnam. Fomentar, cultivar y promover el orgullo nacional contribuye a formar un contingente de cuadros y militantes que posean una firmeza política inquebrantable, una integridad moral intachable, la capacidad intelectual, el sentido de la responsabilidad y una profunda aspiración de servicio, demostrando así que son dignos de su papel de vanguardia y de su carácter ejemplar ante el Partido, el pueblo y la historia de la nación.
El esfuerzo propio, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional pueden considerarse valores perdurables que constituyen la fuerza endógena de la nación vietnamita en la nueva etapa de desarrollo. No se trata meramente de cualidades tradicionales, sino también de imperativos estratégicos para los cuadros y militantes en medio de la profunda integración internacional y del impacto trascendental de la ciencia y la tecnología modernas. Cuando cada cuadro y militante del Partido interiorice profundamente estos valores y actúe de manera coherente con ellos, todo el sistema político se verá sólidamente fortalecido, generando una fuerza conjunta que impulse el desarrollo del país. El espíritu de valerse por las propias fuerzas permite a los cuadros pensar de manera proactiva y encontrar soluciones innovadoras, sin esperar pasivamente ni depender de los recursos externos. La fortaleza propia fomenta la firmeza de principios y ayuda a los cuadros a mantener sus posiciones ante todas las dificultades y desafíos. La confianza en uno mismo impulsa la renovación, alienta a pensar con audacia, actuar con determinación y asumir responsabilidades, ampliando así el margen para el desarrollo. El orgullo nacional alimenta el amor a la patria, la lealtad a la nación y el sentido de responsabilidad hacia el pueblo, consolidando la perdurabilidad de los valores espirituales. Cuando el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional convergen en cada cuadro y militante del Partido, esa fuerza no solo se propaga por todo el sistema político, sino que también inspira al conjunto de la sociedad. Esta constituye la base para que el país entre en una nueva era con grandes aspiraciones y construya un Vietnam próspero y feliz conforme a la orientación socialista. Asimismo, es un requisito fundamental para alcanzar con éxito los dos “objetivos centenarios”(1), garantizando que la nación avance con paso firme en medio de un panorama global y regional volátil.
Ciudad Ho Chi Minh se ilumina con fuegos artificiales para celebrar el 50 aniversario de la adopción oficial del nombre del Presidente Ho Chi Minh _Fuente: dantri.vn
2- Promover el espíritu de esfuerzo propio, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional entre los cuadros y militantes del Partido para construir y desarrollar el país en la nueva era
Al entrar en una nueva era, una de prosperidad, civilización y crecimiento floreciente bajo el liderazgo del PCV, el país tiene oportunidades de desarrollo sin precedentes, y al mismo tiempo afronta dificultades y desafíos inéditos derivados de la competencia estratégica entre grandes potencias, las fluctuaciones globales impredecibles, el profundo impacto de la Cuarta Revolución Industrial y las exigencias cada vez mayores de la industrialización y la modernización. Ante este panorama, además de aprovechar los recursos materiales, científicos, tecnológicos, institucionales y humanos, hay que despertar y promover vigorosamente los recursos espirituales de la nación, entre ellos destaca el espíritu de esfuerzo propio, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional de los cuadros y militantes. Esto no constituye meramente un imperativo ideológico, sino una cuestión de importancia estratégica para fortalecer el liderazgo y la gobernanza del Partido, consolidar la confianza del pueblo e impulsar con fuerza el desarrollo rápido y sostenible del país en esta nueva etapa.
En primer lugar, elevar la conciencia, fortalecer la firmeza política y fomentar la aspiración de contribuir al desarrollo del país entre los cuadros y militantes del Partido en la nueva era
Ante todo, es fundamental garantizar que cada cuadro y militante comprenda profundamente que el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional son valores permanentes que han sustentado la vitalidad perdurable de la nación vietnamita a lo largo de miles de años de historia de la construcción y defensa del país. Precisamente este espíritu ha permitido a nuestra nación superar numerosas guerras de agresión y etapas difíciles y arduas para conquistar la independencia nacional, lograr la reunificación del país, sanar las heridas de la guerra y llevar a cabo con éxito el proceso de renovación. En las actuales circunstancias, valerse por las propias fuerzas y fortalecer las capacidades propias no significa cerrarse al mundo ni aislarse, sino integrarse proactivamente en la comunidad internacional sobre la base del máximo aprovechamiento de las capacidades internas del país. Significa también tener la capacidad de decidir por sí mismo el camino de desarrollo, sin depender de otros ni dejarse condicionar por ninguna presión externa. La confianza en uno mismo es la convicción en la fuerza de la nación, en el liderazgo del Partido y en el futuro desarrollo del país. El orgullo nacional es la conciencia profunda del valor de la historia, la cultura, las tradiciones y los logros alcanzados por la nación. Es preciso impulsar una innovación continua y vigorosa en la formación política e ideológica, elevar la calidad de la investigación y la difusión teóricas, y fortalecer la educación sobre las tradiciones históricas, la cultura nacional y los logros de gran trascendencia histórica alcanzados por el país bajo el liderazgo del PCV. Asimismo, la educación del patriotismo debe vincularse a la inspiración del anhelo de una nación próspera y feliz, para que cada cuadro y militante del Partido interiorice profundamente su responsabilidad ante el Partido, el pueblo y el futuro de la nación.
Segundo, formar un contingente de cuadros y militantes pioneros y ejemplares, que se atrevan a pensar, actuar y asumir responsabilidades en aras del interés de la nación y del pueblo
El espíritu de valerse por las propias fuerzas y de fortalecer las capacidades propias no puede quedarse únicamente en el plano del conocimiento, sino que debe traducirse en acciones concretas por parte de los cuadros y militantes del Partido. A lo largo de todas las etapas revolucionarias, los cuadros han sido el factor decisivo para el éxito o el fracaso de cualquier causa. Por ello, fomentar este espíritu debe comenzar por formar un contingente de cuadros dotados de firmeza política, inteligencia, integridad moral y una firme voluntad de contribuir al bien común. En el contexto actual, es necesario erradicar la mentalidad de esperar pasivamente y depender de otros, eludir responsabilidades y temer cometer errores, afrontar dificultades o entrar en conflicto; al mismo tiempo, se debe fomentar una cultura de actuación decidida, creativa y eficaz en todo el sistema político. Cada cuadro y militante del Partido debe convertirse verdaderamente en un pionero en la renovación del pensamiento, los métodos de trabajo y la resolución de los problemas que plantea la realidad.
Es fundamental seguir perfeccionando el marco institucional sobre la labor de personal, priorizando la evaluación de los funcionarios en función de resultados tangibles, la eficacia y logros sustantivos, a la vez que se establecen mecanismos para incentivar y proteger a aquellos que se muestran dinámicos e innovadores, y que están dispuestos a pensar con audacia, actuar con decisión y asumir responsabilidades en aras del bien común. Paralelamente, es preciso realizar un esfuerzo decidido para apartar a aquellos funcionarios que carecen de responsabilidad, muestran estancamiento u obstinación, y no cumplen con las exigencias de desarrollo del país en esta nueva era. Cuando los cuadros se atreven verdaderamente a pensar en grande, emprender grandes acciones y asumir grandes responsabilidades en defensa de los intereses del país, esta constituye la expresión más palpable del espíritu de valerse por las propias fuerzas y fortalecer las capacidades propias en la nueva era.
En tercer lugar, despertar con fuerza la aspiración de construir un país poderoso y próspero, vinculándola con el fomento de una cultura de compromiso y dedicación entre los cuadros y militantes del Partido
La aspiración al desarrollo constituye una fuerza motriz espiritual de vital importancia para toda nación. La historia demuestra que el éxito de cualquier nación desarrollada hunde sus raíces en una gran aspiración y en la firme determinación de todo su pueblo de progresar. En el caso de Vietnam, la aspiración de construir una nación próspera y feliz fue mencionada durante el XIII Congreso Nacional del PCV y reafirmada por el XIV Congreso como una orientación estratégica constante. Esta aspiración debe traducirse en objetivos concretos de cada cuadro y militante en el desempeño de sus respectivas funciones.
Cada cuadro y militante del Partido debe ser plenamente consciente de que el desarrollo del país se construye a partir de las contribuciones concretas en cada ámbito, sector y localidad, que, en conjunto, conforman la fuerza integral de la nación. Por ello, es necesario promover firmemente una cultura de compromiso, de responsabilidad y de servicio a la Patria y al pueblo en todo el sistema político. Asimismo, se debe renovar la labor de emulación y reconocimiento de méritos, orientándola hacia resultados concretos, identificar, reconocer y difundir ampliamente los ejemplos destacados de colectivos e individuos que aporten iniciativas y métodos eficaces capaces de generar nuevo valor para la sociedad. De este modo, se creará un entorno en el que el espíritu de dedicación se convierta en una necesidad intrínseca y en un referente de valores para los cuadros y militantes del Partido en la nueva era.
Cuarto, desarrollar recursos humanos de alta calidad y formar una fuerza laboral capaz de dominar la ciencia, la tecnología y la transformación digital
En la era digital, la fuerza de una nación no se mide únicamente por sus recursos naturales o el tamaño de su población, sino que viene determinada cada vez más por la calidad de sus recursos humanos, el nivel científico-tecnológico y la capacidad de innovación. Por tanto, promover hoy el espíritu de valerse por las propias fuerzas y fortalecer las capacidades propias debe traducirse, ante todo, en la capacidad de dominar el conocimiento y la tecnología, así como de tomar las riendas del futuro desarrollo del país. Una nación que aspira a fortalecerse debe contar con un contingente de cuadros suficientemente cualificados para liderar su proceso de desarrollo.
Es fundamental renovar los contenidos y métodos de formación y capacitación profesional de los cuadros, alineándolos con la modernización y la integración internacional, al tiempo que se garantiza la adaptabilidad a las exigencias de la economía, la sociedad y el gobierno digitales. Hay que dotar a los cuadros y militantes de pensamiento estratégico, habilidades en el entorno digital, capacidad de gestión moderna, habilidades de innovación y la aptitud para desenvolverse en un entorno globalizado. Paralelamente, es preciso fomentar una cultura de aprendizaje continuo entre los cuadros y militantes. Cada uno de ellos debe dedicarse constantemente al autoestudio para perfeccionar su competencia profesional y sus niveles de teoría política. Esto no constituye únicamente una exigencia del desempeño de sus funciones, sino también una manifestación concreta del espíritu de valerse por las propias fuerzas y fortalecer las capacidades en las nuevas condiciones de desarrollo.
Quinto, promover los valores culturales e históricos y el poder blando de Vietnam para fortalecer la fe, el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional.
La cultura constituye el fundamento espiritual de la sociedad y la fuente de la fuerza nacional. El orgullo nacional surge de un largo proceso de cultivo arraigado en la historia, la cultura, las tradiciones y los logros de desarrollo de la nación. Por ello, es esencial promover aún más la educación sobre la historia nacional, las tradiciones patrióticas, la voluntad de independencia y autodeterminación y el espíritu de gran unidad nacional. Los cuadros, los militantes y pobladores en general deben valorar más profundamente los nobles valores de la nación, los logros de trascendencia histórica alcanzados bajo el liderazgo del PCV, así como el creciente prestigio y la posición del país en el escenario internacional. Al mismo tiempo, hay que fomentar un entorno cultural saludable tanto dentro del Partido como en la sociedad, promoviendo el desarrollo de sistemas de valores nacionales, culturales y familiares y estándares humanos en la nueva era. Es necesario luchar de manera decidida contra cualquier intento de negar la historia, distorsionar los logros revolucionarios o albergar sentimientos de inferioridad o de veneración extrema hacia culturas extranjeras. De ser cultivado de manera sostenible, el orgullo nacional se convierte en una poderosa fuerza motriz interna que impulsa a los cuadros y los militantes a dedicarse plenamente al desarrollo de la nación.
Sexto, seguir intensificando la construcción y la rectificación del Partido y del sistema político para que sean íntegros y sólidos, creando una base firme para fomentar entre los cuadros y militantes del Partido el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional
El espíritu de valerse por las propias fuerzas y de fortalecer las capacidades de los cuadros y militantes del Partido solo puede desplegarse plenamente en un entorno político saludable, dentro de una organización del Partido verdaderamente íntegra, sólida y con una elevada capacidad de combate. Por ello, hay que intensificar de manera integral la construcción y rectificación de las filas partidistas, mejorar su capacidad de liderazgo, gobernanza y combatividad, y luchar con firmeza y perseverancia contra la corrupción, el despilfarro y las prácticas negativas. Al mismo tiempo, es necesario reforzar el control del poder, la disciplina y el orden, así como hacer valer la responsabilidad de los cuadros y militantes, especialmente de aquellos que ocupan cargos directivos, de actuar de manera ejemplar.
Todo cuadro y militante debe cultivar y perfeccionar constantemente la ética revolucionaria; practicar las virtudes de la diligencia, la frugalidad, la integridad, la rectitud y la imparcialidad en aras del bien común, así como examinarse, corregirse, renovarse y perfeccionarse continuamente. El espíritu de valerse por las propias fuerzas y fortalecer las capacidades debe comenzar, ante todo, por vencerse a uno mismo, superar el individualismo, el oportunismo, los intereses localistas y las manifestaciones de degradación de la ideología política, la ética y el estilo de vida. Un Partido verdaderamente íntegro y sólido, junto con un contingente de cuadros honrados, entregados y al servicio del pueblo, constituirá una fuente de inspiración y un núcleo capaz de aglutinar la fuerza y la confianza de la sociedad. Esta es precisamente la sólida base política y espiritual para despertar y promover al máximo el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional, generando una fuerza conjunta que permita al país avanzar con paso firme hacia una nueva era de desarrollo, prosperidad, fortaleza y felicidad.
Impulsado por la firme aspiración de progreso de toda la nación bajo la sabia dirección del Partido, el espíritu de valerse por las propias fuerzas, la fortaleza, la confianza en uno mismo y el orgullo nacional se está convirtiendo en un recurso espiritual inestimable que sienta las bases para el desarrollo sostenible del país en la nueva etapa. Esta aspiración no es una emoción pasajera, sino una voluntad y una firme determinación forjadas a lo largo de la milenaria historia de construcción y defensa del país, e iluminadas por los ideales revolucionarios. El espíritu de los “cuatro valores propios -valerse por las propias fuerzas, fortalecerse, confiar en uno mismo y sentir orgullo nacional”- no debe quedarse en un mero lema, sino convertirse en una llama permanente en el corazón de cada cuadro y militante del Partido y de cada ciudadano. Valerse por las propias fuerzas significa tomar la iniciativa para encontrar el camino del desarrollo mediante la inteligencia y las capacidades internas. Fortalecerse significa preservar la independencia y la autonomía, sin doblegarse ante ninguna presión. Confiar en uno mismo significa atreverse a innovar y avanzar con audacia en la escena internacional. Sentir orgullo nacional significa cultivar el sentido de la responsabilidad, la voluntad, la aspiración de contribuir al bien común y la lealtad a la Patria. Cuando estos valores se integren en una fuerza espiritual unificada, Vietnam contará con todas las condiciones necesarias para entrar en la nueva era con la confianza de una nación segura de sí misma, la condición de un Estado independiente y autónomo y la firme aspiración de avanzar hacia nuevas cotas de desarrollo. Por ello, el espíritu de los “cuatro valores propios” no solo constituye un fundamento, sino también un motor que contribuye a hacer realidad el objetivo de construir un Vietnam próspero, poderoso, civilizado y feliz, que avance con paso firme hacia el socialismo.
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* PROF. ASOC., DR., Miembro del Comité Central del PCV y Editor en Jefe de la Revista Comunista
(1) "Para 2030, año que marca el centenario de la fundación del PCV, Vietnam se convertirá en un país en desarrollo con una industria moderna y de ingreso mediano alto. Para 2045, que marca el centenario de la fundación de la República Democrática de Vietnam, actualmente la República Socialista de Vietnam, será un país desarrollado, de ingresos altos", (Documentos del XIV Congreso Nacional del PCV, Editorial Política Nacional Su That (La Verdad), Hanoi, 2026, tomo II, págs. 203-204).