El XIV Congreso Nacional del Partido Comunista de Vietnam, al realizar una evaluación general de los resultados alcanzados en el ámbito cultural durante los últimos años, señaló: “El desarrollo de la cultura, el ser humano y la sociedad ha logrado resultados muy importantes y avances en numerosos aspectos”(1). Al mismo tiempo, puso de manifiesto las deficiencias que deben corregirse: “El entorno cultural aún no es verdaderamente sano y la moral social presenta signos de deterioro”(2). El Congreso subrayó la necesidad de impulsar el desarrollo de la cultura, el ser humano y la sociedad, incluyendo entre sus prioridades la revitalización de la moral social.

El Comité Central del Partido Comunista de Vietnam del XIV mandato se presenta ante el Congreso Nacional _Fuente: baochinhphu.vn

A lo largo de la historia del desarrollo de cualquier nación, la moral social ejerce una influencia fuerte y profunda, junto a factores como la calidad de los recursos humanos, los recursos naturales, el capital, la tecnología y las instituciones. Si se considera la economía como el “cuerpo” y la política como el “cerebro”, las normas éticas actúan como las “neuronas” que conectan y regulan el sistema, garantizando que este funcione de manera armoniosa, estable y sostenible. Para Vietnam -una nación que atraviesa una fuerte transición hacia una economía de mercado con orientación socialista, al tiempo que se integra profundamente en la comunidad internacional y entra en una nueva era de ascenso de la nación- la moral social no es meramente una cuestión de normas de comportamiento, sino se ha convertido en un pilar del desarrollo sostenible. En este sentido, desarrollar el pensamiento teórico sobre la recuperación de la moral social constituye una tarea estratégica y sistémica, intrínsecamente ligada al progreso a largo plazo del país.

Ante todo, es fundamental comprender de manera plena y profunda la necesidad de avanzar en la comprensión teórica sobre la moral social y su fortalecimiento en la nueva coyuntura. La moral social suele manifestarse como la expresión condensada de la conciencia social sobre lo bueno y lo malo, que, a partir de ello, se convierte en un conjunto de normas que las personas asumen y observan de manera voluntaria. En la sociedad tradicional vietnamita, la moral se ha sustentado en valores como la benevolencia, la justicia, el decoro, la sabiduría y la fidelidad, así como en la piedad filial, la lealtad, la solidaridad afectiva y la valoración de la comunidad. Estos valores han permitido al pueblo vietnamita superar numerosas pruebas a lo largo de su historia, forjando una sólida fuerza de cohesión y un espíritu de perseverancia inquebrantable.

A lo largo de las cuatro décadas de Renovación “Doi Moi”, la comprensión teórica sobre la moral social ha experimentado una transformación significativa. Nuevos valores -tales como el dinamismo, la creatividad, el respeto a la ley, la responsabilidad social y el espíritu de integración- se han ido incorporando gradualmente al sistema de valores tradicional. Sin embargo, este proceso no se ha desarrollado de manera uniforme; por el contrario, se caracteriza por una mezcla e incluso un conflicto entre los valores antiguos y los nuevos. Es en este escenario donde la “revitalización de la moral social” busca reforzar los valores morales tradicionales positivos, al tiempo que construye una base moral acorde con las exigencias de desarrollo de la era moderna.

Por consiguiente, la teoría sobre la moralidad social y su revitalización debe abordar, en términos generales, los siguientes elementos: primero, restaurar y reforzar los valores morales tradicionales positivos; segundo, adoptar de manera selectiva valores morales progresistas de la humanidad, y tercero, crear nuevos valores adecuados al entorno de la economía de mercado, la sociedad digital y la integración internacional, reflejando al mismo tiempo el carácter distintivo de Vietnam. Se trata de un proceso complejo que requiere la participación de diferentes actores y una estrecha coordinación entre los sectores económico, político, cultural, social, de seguridad y de orden público.

Es necesario identificar claramente los problemas que plantea actualmente el desarrollo del pensamiento teórico sobre la moral social en Vietnam. La realidad demuestra que, junto con los valores positivos que se preservan y promueven, la moral social también se enfrenta a manifestaciones preocupantes y una de ellas es el individualismo extremo. Si en la sociedad tradicional el individuo mantenía estrechos vínculos con la comunidad, en el contexto de la economía de mercado, sus acciones se ven condicionadas por intereses vinculados a la obtención de beneficios, que en cierta medida pueden entrar en contradicción con los intereses generales de la sociedad. Se trata de una tendencia inevitable que también presenta aspectos positivos; sin embargo, cuando se lleva al extremo, puede dar lugar al egoísmo y la indiferencia ante los demás, e incluso a la vulneración de los intereses ajenos con tal de alcanzar objetivos personales.

En el ámbito económico, es evidente que la vulneración de normas éticas y la transgresión de los sistemas de valores se manifiestan en formas tales como el fraude y el engaño. Tales conductas no sólo ocasionan pérdidas económicas, sino que también erosionan la confianza de los consumidores y socavan los cimientos de un mercado saludable. En la gestión estatal, la corrupción, los intereses de grupo, el abuso de poder, el despilfarro y la burocracia, si bien han sido objeto de un mayor control y de medidas contundentes en los últimos tiempos, siguen constituyendo un desafío para la construcción de una administración pública íntegra y al servicio de la ciudadanía.

En particular, están surgiendo signos de decadencia moral en la vida social y cultural. Problemas como la violencia escolar, el comportamiento incívico en espacios públicos, la propagación de discursos de odio en las redes sociales y un estilo de vida impulsado por el materialismo y el pragmatismo, que subestima los valores espirituales, reflejan una situación que merece una seria reflexión. Incluso las relaciones familiares -tradicionalmente el fundamento de la moral social- muestran signos de disfunción. El aumento de la violencia doméstica y la falta de cuidado mutuo entre los miembros de la familia indican que valores clave que guían el comportamiento, tales como el amor, la responsabilidad y el sacrificio personal, están siendo puestos a prueba.

En un análisis más profundo, se pueden distinguir cuatro dimensiones: la moral (el sistema de normas y valores), la psicología social (la forma en que las personas perciben y reaccionan), el estado de ánimo social (la vida espiritual y emocional de la sociedad en cada etapa) y los hábitos de vida (los estilos y modos de vida que, mediante su acumulación a lo largo de generaciones, se convierten en costumbres arraigadas). Estos cuatro elementos son indisociables y mantienen una estrecha interacción, configurando el perfil espiritual de la sociedad vietnamita actual.

Guardias fronterizos en la provincia de Ha Tinh realizan exámenes médicos a amigos laosianos (Foto de Tran Nhat Linh) _Fuente: nhiepanhdoisong.vn

En primer lugar, en la primera dimensión -la moral-, es necesario comprender que esta no constituye únicamente un sistema de “normas transmitidas”, sino que también se manifiesta como un “hábito de vida”. Una sociedad puede defender muchos axiomas morales sólidos; sin embargo, si el comportamiento real no se ajusta a ellos, surge una dicotomía entre las normas teóricas y las prácticas efectivas. En el Vietnam actual, esta contradicción se manifiesta en el hecho de que, aunque se promueve la honestidad, el engaño sigue estando presente; se hace hincapié en la responsabilidad, pero persiste la tendencia a eludirla; y se propugna la integridad, pero los intereses personales pueden seguir prevaleciendo sobre los intereses públicos. Esto no constituye simplemente un problema individual, sino que refleja una cierta “brecha” entre las normas establecidas y su aplicación en la práctica.

La segunda dimensión, la psicología social, representa un nivel más profundo de análisis que refleja cómo las personas piensan, sienten y reaccionan ante los fenómenos que surgen en el entorno social. La psicología social vietnamita actual presenta claros rasgos de transición. Por un lado, persisten rasgos tradicionales, tales como la valoración de los sentimientos, la flexibilidad, la adaptabilidad y las relaciones interpersonales; por otro, surgen elementos modernos, tales como el énfasis en la independencia individual, el enfoque en la eficiencia y la competitividad. Esta interacción da lugar a una compleja variedad de estados psicológicos.

Otra manifestación de la psicología social es la creciente tendencia a la comparación. En la era de las redes sociales, donde las vidas de los demás se exhiben constantemente, las personas caen fácilmente en el hábito de compararse con otros, generando así una presión por alcanzar un “éxito rápido” y “demostrar lo que uno vale”. Cuando el criterio de éxito se reduce a la riqueza material y a la fama superficial, los valores morales quedan fácilmente relegados a un segundo plano.

La tercera dimensión -el estado de ánimo social- puede entenderse como la evolución de la percepción pública en cada etapa. Este estado de ánimo fluctúa rápidamente con el tiempo, influido por acontecimientos económicos, políticos y mediáticos. Actualmente, el ánimo social en Vietnam se caracteriza por una mezcla de sentimientos: elevadas expectativas de futuro junto con cierta inquietud, y confianza en el desarrollo del país acompañada de preocupaciones sobre la equidad social y la calidad de vida.

Una característica destacada es la “sensibilidad ante lo negativo”. En el panorama mediático actual, la información negativa tiende a propagarse de manera más rápida y a tener un impacto mayor que la positiva. Cuando el estado de ánimo público está dominado por una sensación persistente de negatividad, la confianza social puede erosionarse, lo que conduce a un debilitamiento de las normas morales. Por el contrario, cuando se refuerza la confianza, las personas tienden a comportarse de manera más positiva.

En la cuarta dimensión -los hábitos de vida-, nos encontramos ante la dimensión más profunda y duradera. Estos hábitos están vinculados a los estilos y modos de vida que, acumulados a lo largo de generaciones, se convierten en costumbres arraigadas. El modo de vida tradicional se caracteriza por un marcado sentido comunitario, la valoración de los vínculos afectivos, el respeto por los principios morales y una gran flexibilidad en las relaciones interpersonales. Valores como el respeto y la devoción hacia los padres, la consideración hacia los mayores, la ayuda mutua dentro de la comunidad y la preservación del honor familiar han constituido, durante mucho tiempo, un sólido “sistema inmunitario moral” de la sociedad.

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Sin embargo, los hábitos de vida no son inmutables. En el proceso de modernización, algunos elementos de los modos de vida tradicionales se han debilitado o transformado. Así, por ejemplo, el sentido comunitario se ha reducido en el contexto de la urbanización; los vínculos entre los habitantes de las aldeas se han vuelto más laxos y la cohesión entre las distintas generaciones dentro de la familia ha disminuido. Al mismo tiempo, algunos aspectos negativos de las antiguas costumbres, como la mentalidad de “evitar los conflictos para mantener la armonía”, la reticencia a los enfrentamientos y la indulgencia o falta de firmeza a la hora de abordar las infracciones, pueden convertirse, en determinados momentos y lugares, en obstáculos para el establecimiento de la disciplina y el orden en la sociedad moderna.

Cabe destacar que el modo tradicional se está cruzando y entrelazando con ciertos valores de la vida moderna. Algunos nuevos valores modernos influyen en la sociedad; sin embargo, este proceso está incompleto, lo que da lugar a una superposición entre lo antiguo y lo nuevo. El desafío no consiste en rechazar el modo tradicional, sino más bien en adoptar, enriquecer y actualizar de forma selectiva algunos de sus elementos para crear un estilo de vida que encarne la identidad nacional, siendo a la vez compatible con la sociedad moderna y acorde a los tiempos actuales.

Del análisis de estas cuatro dimensiones se desprende una conclusión importante: la moral social no puede mejorarse actuando únicamente en el plano superficial de las normas, sino que es necesario intervenir simultáneamente en la psicología social, el estado de ánimo social y los hábitos de vida. En otras palabras, para revitalizar la moral social, es necesario lograr que lo correcto no solo “se transmita”, sino que también “se crea”, “se sienta” y “se exprese” en el conjunto del entorno social.

Precisamente en este sentido, desarrollar el pensamiento  teórico sobre la revitalización moral en Vietnam se ha convertido en una cuestión urgente y de importancia estratégica que requiere un enfoque integral: mejorar el marco institucional para incentivar una conducta adecuada, reformar la educación para forjar la personalidad, orientar a los medios de comunicación para contribuir a la estabilidad del estado de ánimo social y fomentar modos de vida positivos para establecer una base sólida a largo plazo. Cuando se actúe de manera coordinada sobre estas cuatro dimensiones, la moral social dejará de ser un mero eslogan para convertirse en un “ecosistema vivo”, en el que cada individuo sea, al mismo tiempo, beneficiario y protagonista de su construcción.

El desarrollo del pensamiento  teórico sobre la revitalización de la moral social requiere un sistema integral de principios rectores y soluciones. Desde una perspectiva conceptual, hay que afirmar que la moral no es una cuestión “secundaria”, sino el fundamento del desarrollo. Una economía puede experimentar un crecimiento rápido; sin embargo, sin moralidad, la vida social paga las consecuencias a través de la inestabilidad y una crisis de confianza. Por ello, el objetivo de promover la moral social debe integrarse como un componente clave de la estrategia de desarrollo nacional.

Una solución clave es establecer, perfeccionar e implementar de forma activa un sistema de valores nacionales, culturales y de normas humanas, preservando y fomentando al mismo tiempo los valores de la familia vietnamita en la nueva era. Estos sistemas de valores deben definirse de manera clara, ser fáciles de comprender y tener la capacidad de ofrecer orientación y ejercer una influencia generalizada. Valores como el patriotismo, la honestidad, la responsabilidad, la disciplina, la creatividad y la compasión deben concretarse en todos los ámbitos de la vida, desde la educación y la economía hasta la gestión social.

La educación debe seguir desempeñando un papel central en el proceso de desarrollo del pensamiento teórico sobre la revitalización de la moral social. No obstante, es necesario renovar profundamente la educación moral, reforzando las actividades experienciales y la formación a través de la práctica, a fin de ayudar a los alumnos y estudiantes universitarios no solo a comprender los valores morales, sino también a “vivir” conforme a ellos. Asimismo, es necesario construir un entorno educativo saludable, en el que las normas morales se apliquen de manera coherente y sistemática.

Asimismo, resulta fundamental aprovechar el papel de los medios de comunicación en la difusión de valores éticos. Los medios de comunicación, y en particular las redes sociales, deben orientarse a actuar como una herramienta activa que fomente una cultura de comportamiento, promueva el bien y critique de forma responsable lo negativo. La literatura y las artes también deben cumplir su función educativa inspirando valores humanísticos y contribuyendo a la formación del carácter.

En el ámbito institucional, es preciso seguir perfeccionando el marco legal y los mecanismos de aplicación de la ley, garantizando rigor, equidad y transparencia. Si bien la ley no puede sustituir a la moral, constituye una herramienta vital para salvaguardar los valores éticos fundamentales. Paralelamente, hay que establecer una administración caracterizada por la integridad y el compromiso de servicio público, fomentando así la confianza social.

La familia y la comunidad se deben fortalecer como “baluartes” de la revitalización moral. Es en el seno de la familia donde las personas aprenden las primeras lecciones sobre el amor, la responsabilidad y el comportamiento adecuado. Por ello, se requieren políticas que apoyen a las familias y permitan a los padres disponer del tiempo y los medios necesarios para cuidar y educar a sus hijos.

Por último, el desarrollo del pensamiento teórico sobre la revitalización de la moral social no puede ser únicamente una tarea del Estado o de las organizaciones, sino que debe partir de cada individuo. Cada persona debe ser consciente de su responsabilidad en la construcción de una sociedad mejor, comenzando por los actos más pequeños de la vida cotidiana. Cuando la moral se convierta en una necesidad intrínseca y cada individuo se oriente voluntariamente hacia el bien, la sociedad contará con una base sólida para alcanzar un desarrollo sostenible.

El desarrollo del pensamiento teórico sobre la revitalización de la moral social en Vietnam es un proceso largo y complejo, que no admite aplazamientos. En esta nueva era, cuando el país se encuentra ante grandes oportunidades, pero también ante numerosos desafíos, la construcción de una sólida base moral constituye una condición indispensable para garantizar un desarrollo armonioso y sostenible. La prosperidad de una sociedad no se mide únicamente por el Producto Interno Bruto, sino también por el respeto a las normas éticas, la confianza y los vínculos de cohesión entre las personas. Precisamente, en el proceso de desarrollo del pensamiento teórico sobre la revitalización de la moral social se irá configurando, de manera profunda y duradera, el futuro de la nación. El Documento del XIV Congreso Nacional del Partido establece: “La revitalización de la moral social debe abordarse, ante todo, centrando los esfuerzos en combatir la degradación ideológica y política, moral y del estilo de vida en la sociedad, así como en un sector considerable de cuadros y militantes del Partido; prevenir y hacer retroceder los fenómenos negativos y los males sociales. Al mismo tiempo, es necesario construir nuevos valores y normas morales que respondan a las exigencias de la construcción y el desarrollo del país, con el objetivo de lograr un pueblo próspero, un país fuerte, democrático, justo y civilizado”(3).

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* PROF., DR:, exmiembro del Comité Central del PCV, exeditor en jefe de la Revista Comunista y exvicepresidente del Consejo Teórico Central
(1), (2) Documentos del XIV Congreso Nacional del PCV, Editorial Política Nacional Su That (La Verdad), Hanoi, 2026, tomo I, págs. 50, 66
(3) Documentos del XIV Congreso Nacional del PCV, Ibíd., tomo II, págs. 57–58