Papel y misión de vanguardia del Partido según el pensamiento de Ho Chi Minh y los valores morales revolucionarios en la actualidad
Revista Comunista- A lo largo de más de 95 años desde su fundación, el Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha mantenido siempre su papel y misión de vanguardia en la lucha por la liberación nacional, así como en la construcción, defensa y desarrollo del país, afirmando la vitalidad, la firmeza inquebrantable y laRevista Comunista- A lo largo de más de 95 años desde su fundación, el Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha mantenido siempre su papel y misión de vanguardia en la lucha por la liberación nacional, así como en la construcción, defensa y desarrollo del país, afirmando la vitalidad, la firmeza inquebrantable y la visión intelectual de un partido genuinamente revolucionario, dirigente y gobernante al servicio de la Patria y del pueblo. Por ello el estudio, la actualización y el perfeccionamiento de los valores morales revolucionarios, conforme al espíritu de construir un Partido “moral y civilizado”, adquieren una importancia especialmente relevante en el contexto de la construcción de un Vietnam pacífico, independiente, democrático, próspero, civilizado, feliz y firme en su avance hacia el socialismo. visión intelectual de un partido genuinamente revolucionario, dirigente y gobernante al servicio de la Patria y del pueblo. Por ello el estudio, la actualización y el perfeccionamiento de los valores morales revolucionarios, conforme al espíritu de construir un Partido “moral y civilizado”, adquieren una importancia especialmente relevante en el contexto de la construcción de un Vietnam pacífico, independiente, democrático, próspero, civilizado, feliz y firme en su avance hacia el socialismo.
El Presidente Ho Chi Minh y trabajadores ferroviarios en Gia Lam (Pintura del artista Pham Lung) _Foto: Archivo
1. El pensamiento de Ho Chi Minh - sistema integral y profundo de puntos de vista sobre las cuestiones fundamentales de la Revolución vietnamita
Dentro del legado ideológico del Presidente Ho Chi Minh, el pensamiento sobre el papel y la misión de vanguardia del Partido constituye un contenido esencial y permanente, así como una aplicación creativa de la teoría marxista-leninista sobre la construcción de un partido político de nuevo tipo en Vietnam. El líder vietnamita señaló que: “La revolución, ante todo, debe contar con un partido revolucionario, para movilizar y organizar al pueblo en el interior, y para vincularse en el exterior con las naciones oprimidas y el proletariado de todas partes. Solo si el Partido es firme, la revolución tendrá éxito, del mismo modo que solo un timonel firme puede conducir bien la embarcación”(1). Explicó: “Para alcanzar la victoria, la revolución debe contar con un partido dirigente. El Partido debe hacer que las masas tomen conciencia de por qué son oprimidas y explotadas; y enseñarles a comprender las reglas del desarrollo social, para que reconozcan con qué propósito luchan y señalarles el camino de la liberación”(2). Desde muy temprano, afirmó que el Partido enarbola siempre la bandera del patriotismo y el socialismo, liderando resueltamente a todo el pueblo en la lucha por construir un Vietnam de paz, reunificado, independiente, democrático y próspero, contribuyendo a la defensa de la paz en el Sudeste Asiático y el mundo.
El Presidente Ho Chi Minh formuló lineamientos y orientaciones sumamente profundos sobre el papel, la misión y la responsabilidad de vanguardia del PCV. Según él, “el Partido no es una organización para buscar cargos ni enriquecerse. Debe cumplir cabalmente la misión de liberar a la nación, hacer fuerte y próspera la Patria, y procurar bienestar al pueblo”(3). “Toda labor del Partido debe situarse siempre del lado de las masas. Debe inculcar a los cuadros, militantes y el pueblo el espíritu patriótico, y las virtudes de laboriosidad, ahorro, integridad y rectitud(4). El Partido debe depurar constantemente los elementos corruptos y mantener una disciplina rigurosa. El contingente de cuadros y militantes debe colocar por encima de todo los intereses del pueblo, impregnarse profundamente de la moral revolucionaria y practicar la laboriosidad, el ahorro, la integridad, la rectitud, con total consagración a la causa pública y un desinterés ejemplar; en especial, debe prestar atención al cultivo de cinco nobles virtudes: BENEVOLENCIA, RECTITUD, SABIDURÍA, CORAJE e INTEGRIDAD. Los cuadros y militantes no deben ambicionar riqueza, posición ni fama, ni dejarse seducir por la adulación o el halago. De este modo, el Presidente Ho Chi Minh elevó el objetivo de la construcción del Partido a un nuevo nivel, con una visión adelantada a su tiempo sobre un partido político portador de nuevos valores nobles: moralidad, cultura y civilización, convertidos en símbolos de la esencia revolucionaria y del profundo humanismo del Partido.
El Partido “es moral” porque es una organización integrada por personas ejemplares, dotadas de nobles cualidades éticas revolucionarias, siempre dispuestas a servir a la Patria y al pueblo. Fuera de los intereses del pueblo y la nación, el Partido no posee ningún otro interés. El Partido “es moral” porque toda su organización y actividad, sus ideales, objetivos, estilo y acciones, tanto de las organizaciones del Partido como de cada cuadro y militante, se sustentan sobre los valores de la moral revolucionaria: lealtad a la patria, devoción al pueblo; laboriosidad, ahorro, integridad, rectitud y desinterés; benevolencia, tolerancia y generosidad; coherencia entre palabra y acción, colocando siempre por encima de todo los intereses de la Patria y del pueblo. En la filosofía de Ho Chi Minh, la moral es “la raíz” del revolucionario: “Así como el río necesita una fuente para tener agua; sin fuente, el río se seca. El árbol necesita raíces; sin raíces, se marchita. Un revolucionario debe tener moral; sin moralidad, por muy talentoso que sea, no podrá liderar al pueblo”(5).
Según el Presidente Ho Chi Minh, un partido gobernante no se sustenta únicamente en su capacidad de liderazgo, sino, ante todo, en su fundamento moral. Desde el movimiento Xo Viet Nghe Tinh, la Revolución de Agosto, pasando por las dos prolongadas guerras de resistencia, hasta la actual obra de renovación, la fuerza del Partido no radica solo en un lineamiento acertado, sino también en la moral, el prestigio y la ejemplaridad de su contingente de cuadros y militantes. Por ello, todos y cada uno, especialmente quienes ejercen funciones de dirección, gestión y responsabilidades clave, debe erigirse en un “núcleo moral” dentro de su organismo, unidad o localidad. Estudiar y seguir el pensamiento, la moral y el estilo de Ho Chi Minh no es únicamente un movimiento coyuntural, sino el camino para que el Partido conserve su pureza ética y sea digno de su papel de vanguardia en la conducción de la sociedad.
El Partido “es civilizado” porque sus orientaciones y lineamientos son la cristalización de la sabiduría del pueblo y la quintaesencia de la humanidad; el Partido encarna la sabiduría, el desarrollo y el progreso social. El Partido “es civilizado”, ante todo, porque tiene como fundamento doctrinal el marxismo-leninismo, la teoría científica “más genuina”, “más revolucionaria” y “más sólida”, como guía para la acción del Partido. El Partido “es civilizado” porque su objetivo e ideal consisten en la emancipación de clase, la liberación nacional y humana; hacer posible que todos los compatriotas tengan alimento, vestido, acceso a la educación y una vida de bienestar, prosperidad y felicidad. El Partido “es civilizado” porque reúne a los hijos más destacados de la nación, la vanguardia de la clase obrera y de todo el pueblo, fieles a los ideales del Partido y sustentados en una nueva moral, la moral revolucionaria. El Partido “es civilizado” porque está organizado de manera rigurosa, cuenta con principios científicos de organización y funcionamiento, mantiene la unidad y cohesión, y posee una disciplina estricta y conciencia voluntaria. El Partido “es civilizado” porque sabe respetar al pueblo, mantenerse cercano a él, escuchar sus opiniones; y porque sabe examinarse y corregirse, renovarse y rectificarse, y se sitúa dentro de la corriente del progreso de la época.
La noción de que el Partido “es moral y civilizado” no solo expresa su estatura histórica, sino también un enfoque sobre la misión del PCV en la conducción de la construcción, defensa y desarrollo del país. Si el Partido “es moral” se refiere a las cualidades de sus cuadros y militantes, a las normas éticas y de conducta, y a su fundamento espiritual, entonces el Partido “es civilizado” alude a su elevada estatura intelectual, su alta capacidad organizativa y su forma de liderazgo orientada al interés del pueblo y de la comunidad, tomando como objetivo el ideal nacional de liberación de clase y humana, y la construcción de un Vietnam pacífico, reunificado, independiente, democrático y próspero.
En la relación entre “moralidad” y “civilización”, la “moralidad” representa las cualidades, normas, reglas de conducta y base espiritual del Partido, y es la “raíz” del revolucionario. La “civilización”, por su parte, constituye la máxima expresión de la inteligencia y el nivel más elevado de un método de liderazgo orientado al beneficio del pueblo. Por ello, la construcción del Partido en la nueva etapa no consiste únicamente en fortalecerlo en lo político e ideológico, consolidar la organización, perfeccionar el aparato y mejorar su capacidad de liderazgo y combatividad, así como de gobierno, sino, en un sentido más profundo, en edificar un Partido que “sea moral y civilizado”. Ello significa construir un Partido verdaderamente integrado por cuadros y militantes con cualidades y estilo de vida ejemplares, dotados de firmeza política, conciencia, responsabilidad y capacidad; con pensamiento innovador, visión estratégica y métodos flexibles y eficaces para abordar y resolver problemas; con aptitud para captar, sintetizar, analizar, evaluar y prever situaciones, así como agudeza intelectual y capacidad de adoptar decisiones oportunas y precisas. A lo largo de más de 95 años, el pensamiento de Ho Chi Minh ha sido aplicado y desarrollado de manera creativa. Desde su sagrado Testamento, donde afirmó: “Nuestro Partido es un partido en el poder. Cada militante y cuadro debe estar verdaderamente impregnado de la moral revolucionaria y practicar la laboriosidad, el ahorro, la integridad, la rectitud y la consagración total a la causa pública”(6), hasta las resoluciones actuales del Partido, en particular las emanadas del cuarto pleno del Comité Central de los mandatos XI, XII y XIII sobre la construcción y rectificación del Partido, todas están profundamente imbuidas del espíritu de un Partido que “es moral y civilizado”. Ese es el hilo conductor permanente que ha forjado la firmeza, el prestigio, la capacidad de liderazgo y la combatividad del PCV en cada etapa de la revolución.
2. Aplicación del pensamiento de Ho Chi Minh en el estudio, complementación y perfeccionamiento de los valores de la moral revolucionaria conforme al espíritu de construcción de un Partido “moral y civilizado”, en correspondencia con el nuevo contexto
Partiendo de la práctica de construcción y rectificación del Partido en los últimos años, así como de las exigencias y tareas que se plantean cuando el país entra en una nueva etapa de desarrollo, el impulso de la industrialización, modernización, integración internacional profunda y transformación digital, el estudio, la complementación y el perfeccionamiento de los valores de la moral revolucionaria conforme al espíritu de construir un Partido “moral y civilizado”, en adecuación al nuevo contexto, constituye una cuestión esencial. Ello exige una articulación armoniosa entre los factores político, ético, cultural y civilizatorio. Esta orientación se vincula con diversas exigencias, tales como fortalecer la construcción y rectificación del Partido, promover su autorrenovación para que nuestro Partido sea verdaderamente “moral y civilizado”, mejorar la eficacia y eficiencia de su capacidad de liderazgo, gobernanza y combatividad; así como estudiar y continuar perfeccionando la teoría sobre la construcción del Partido en el apartado ético, de modo que sea realmente “moral y civilizado” en la nueva situación.
La reafirmación de esta exigencia, por una parte, expresa la firmeza en la defensa, aplicación y desarrollo creativo de los puntos de vista y el pensamiento del Presidente Ho Chi Minh en la labor de construcción del Partido; por otra parte, plantea también la necesidad de una nueva comprensión sobre la esencia, el papel y la misión de vanguardia del Partido en la nueva época, reflejados en algunos de los contenidos teóricos y prácticos siguientes:
Primero, construir el Partido para que sea verdaderamente “moral”: una nueva exigencia sobre su naturaleza y un mandato de acción en la práctica.
El punto de vista sobre la construcción del Partido en el plano ético fue planteado por el PCV y situado al mismo nivel de los ámbitos político, ideológico y organizativo desde el XII Congreso del Partido. Desde entonces, el tema ha sido objeto de estudio y se ha ido esclareciendo gradualmente. En el nuevo contexto, construir un Partido que “sea moral” plantea exigencias más directas y urgentes, reflejando con mayor nitidez el papel y la misión de vanguardia del Partido en la causa de construcción, defensa y desarrollo nacional. Al mismo tiempo, constituye también uno de los “mandatos” de acción, una exigencia práctica más enérgica y drástica, especialmente a través de las manifestaciones, conductas, acciones y comportamientos en la organización y el funcionamiento del Partido, así como en las cualidades morales, el estilo de vida, el método de trabajo y la conducta de cada cuadro y militante. Ello demuestra que el Partido no solo fortalece y rectifica su dimensión ética mediante la formulación de normas morales, la difusión, la educación, la movilización y la persuasión de cuadros y militantes para estudiar, cultivarse y erigirse en ejemplo moral, sino que plantea además una exigencia mayor, más concreta y realista. Esta consiste en que todas las orientaciones, lineamientos y resoluciones del Partido, así como su proceso de implementación y todas sus actividades, las de los comités partidistas, las organizaciones del Partido y los cuadros y militantes, deben expresar cualidades, ideales nobles, valores ejemplares y la práctica de la moral revolucionaria. Construir un Partido verdaderamente “moral” significa igualmente construir comités partidistas, organizaciones del Partido y cuadros y militantes que sean ejemplos vivos de la práctica ética en la realidad. Todas las orientaciones, lineamientos y resoluciones del Partido, así como todas sus actividades, deben reflejar la moral revolucionaria. La medida de la moralidad del Partido no se expresa únicamente en reglamentos éticos o en textos y resoluciones, sino que debe comprobarse y evidenciarse mediante imágenes vivas, acciones concretas, palabras, hechos y resultados tangibles de los comités y organizaciones del Partido, así como a través del estilo de vida, el modo de actuar, la responsabilidad y la cultura en el comportamiento de cada cuadro y militante.
En un contexto internacional y regional marcado por transformaciones complejas e imprevisibles, y ante los impactos negativos de la globalización y la Cuarta Revolución Industrial, la exigencia de construir el Partido en el plano ético, para que sea verdaderamente “moral”, se vuelve aún más urgente. La corrupción, las conductas negativas, la degradación ideológica y política, la “autoevolución” y la “autotransformación” constituyen riesgos que pueden debilitar al Partido desde dentro. Por lo tanto, los valores de la moral revolucionaria devienen un criterio esencial para medir la calidad del militante y un fundamento de la confianza del pueblo. Construir un Partido verdaderamente “moral” equivale a hacer del Partido una organización más “transparente”, “noble”, “culta”, “humanista”, cercana al pueblo y comprometida con él.
Segundo, construir el Partido para que sea verdaderamente “civilizado”: una exigencia inevitable que reafirma con fuerza su papel y misión de vanguardia.
Junto con la exigencia de construir el Partido para que sea verdaderamente “moral”, la tarea de edificar una organización realmente “civilizada” constituye siempre una misión importante. Se trata de un desarrollo del pensamiento teórico-político del Partido sobre las exigencias de su construcción en la nueva era del país, así como una necesidad objetiva para reafirmar su papel y misión de liderazgo y gobernanza en el nuevo contexto. En consecuencia, las organizaciones del Partido deben estructurarse de manera más ágil, científica y eficiente; los militantes deben poseer mayor nivel intelectual y una visión más amplia; y los métodos de dirección deben ser, al mismo tiempo, integrales, abarcadores y más cercanos al pueblo. Esto expresa una elevación de la conciencia, los criterios, el pensamiento, la visión, el nivel organizativo, las formas de liderazgo, la gestión interna y la cultura en el modo de actuar.
Un Partido que “es civilizado” posee una base ideológica y teórica avanzada, capaz de integrar las tradiciones culturales de la nación y la quintaesencia humana, condensando la sabiduría de todo el Partido y el pueblo. Un Partido que “es civilizado” es aquel que ejerce su liderazgo al escuchar, persuadir y estimular la innovación y la creatividad; que dispone de mecanismos para atraer y preservar el talento, considerando al ser humano como el centro y sujeto del proceso de desarrollo. En las condiciones del desarrollo de una economía de mercado con orientación socialista y la construcción de un Estado de derecho socialista, un Partido que “es civilizado” se manifiesta también en su capacidad de liderazgo y gobernanza con visión previsora, orientando una gobernanza eficaz. Esto se expresa igualmente en el espíritu de respeto supremo a la Constitución y la ley, la recepción de opiniones y recomendaciones del pueblo, la vinculación estrecha con las masas, y la promoción del derecho del pueblo a ser dueño de la nación.
Un Partido que “es civilizado” posee una estructura y un sistema organizativo ágiles, con principios de funcionamiento y un estilo de liderazgo científico, orientado al interés del pueblo. En vida, el Presidente Ho Chi Minh señaló que, fuera de los intereses de la Patria y del pueblo, nuestro Partido no tiene ningún otro interés. En la organización y actividad del Partido, el principio del centralismo democrático garantiza una dirección concentrada y unificada, así como una amplia promoción de la democracia. La autocrítica y la crítica, la inspección y la supervisión, la ejemplaridad y la orientación hacia los intereses del pueblo son expresiones concretas de la “cultura dentro del Partido”. Especialmente en la era digital, el Partido avanza gradualmente en la aplicación de los logros científicos y tecnológicos para elevar la eficacia de sus métodos de liderazgo y gobernanza, construir bases de datos digitales sobre cuadros y militantes, renovar los métodos de comunicación, propaganda, movilización de masas y seguimiento de la opinión pública.
El Partido es una organización integrada por personas destacadas, por ello, que el Partido “sea civilizado” se expresa ante todo en la cultura y los valores de la personalidad de los cuadros y militantes. Esto no se refleja solamente en el nivel educativo, sino también en una conducta culta, el espíritu de superación, la modestia, el sentido del honor, la integridad, la limpieza moral, el respeto a los compañeros, la capacidad de escuchar al pueblo y el vivir y trabajar conforme a la ley. El Partido “es civilizado” cuando sus cuadros y militantes poseen ética, inteligencia, un pensamiento científico, un comportamiento correcto, visión estratégica y capacidad de orientación y gobernanza, y están siempre dispuestos a servir a la Patria y al pueblo. Por ello, construir un Partido que “sea civilizado” no puede separarse de la formación de un contingente de cuadros con conocimientos, capacidades, cualidades morales, pensamiento, inteligencia, cultura del comportamiento, estilo de liderazgo y métodos de trabajo científicos.
Decir que el Partido “es civilizado” significa que sus orientaciones y lineamientos poseen visión previsora, capacidad de abrir caminos y orientar procesos de transformación, manteniéndose siempre activo y adaptable ante los cambios de la situación mundial y regional, firme sobre la base ideológica del marxismo-leninismo y del pensamiento de Ho Chi Minh. Asimismo, implica cumplir su papel y misión de vanguardia en la lucha por la liberación nacional, la construcción, defensa y desarrollo del país; contar con capacidad de previsión, visión estratégica y acción orientada hacia un futuro mejor, por la prosperidad y el bienestar de la nación, y la felicidad del pueblo.
Tercero, construir un Partido “moral y civilizado” constituye una determinación estratégica y un requisito indispensable para conducir con éxito la causa de renovación, construcción y desarrollo nacional en la nueva era.
La práctica de los últimos años demuestra que la idea de construir un Partido que “sea moral y civilizado” se manifiesta cada vez con mayor claridad en la vida política y social del país. En concreto:
La labor de construcción y rectificación del Partido se ha desplegado de manera drástica, integral y sustancial. Las resoluciones del cuarto pleno del Comité Central de los mandatos XI, XII y XIII, así como las disposiciones sobre lo que los militantes no deben hacer; la prevención y lucha contra la corrupción, el despilfarro y la negatividad; la inspección, supervisión y disciplina del Partido; la responsabilidad de dar ejemplo; el control del poder; y los estándares éticos de cuadros y militantes, han sido promulgados y aplicados rigurosamente, generando transformaciones evidentes en la práctica de construcción del Partido. El tratamiento severo de los casos de corrupción y conductas negativas demuestra el espíritu de que “no hay zonas prohibidas ni excepciones”, y refleja la exigencia primordial de estándares morales revolucionarios para cuadros y militantes.
El Partido ha definido con acierto los objetivos y tareas esenciales para la construcción y el desarrollo del país, estableciendo misiones prioritarias y avances estratégicos en los Documentos del XIII Congreso del Partido y los textos orientadores de la nueva era. Ha logrado identificar limitaciones, insuficiencias, cuellos de botella y obstáculos presentes tanto en el proceso de desarrollo nacional como en el funcionamiento del sistema político y los métodos de liderazgo y gobernanza del Partido. También ha formulado y dirigido la ejecución urgente de transformaciones históricas y revolucionarias para llevar al país a una nueva etapa de desarrollo. Se trata de una revolución que contempla la reorganización estructural del sistema político; el reordenamiento de las unidades administrativas de nivel provincial y comunal, con la supresión del nivel distrital; la adopción de decisiones estratégicas en materia de renovación y reforma institucional para el desarrollo; los avances en la ciencia y tecnología, innovación y transformación digital; el desarrollo del sector privado; la integración internacional en la nueva coyuntura; la garantía de la seguridad energética; los avances en educación y formación y en la protección y atención de la salud del pueblo.
Los métodos de liderazgo y gobernanza del Partido se renuevan cada vez más en dirección a la apertura, la democracia, la transparencia y la civilidad. El Partido impulsa la transformación de un estilo de liderazgo anteriormente marcado por tendencias burocráticas, el “mandato administrativo” y múltiples etapas e instancias intermedias, hacia una conducción orientada a una gobernanza moderna y eficiente; la descentralización y delegación de competencias; la clara definición de funciones, tareas y atribuciones; una mayor orientación hacia la base; la eliminación de niveles intermedios innecesarios; y el fortalecimiento del liderazgo mediante el papel de vanguardia y la ejemplaridad de los cuadros y militantes, y los modelos de eficacia comprobada. Que el Partido “sea civilizado” se manifiesta en una gobernanza moderna y eficaz, la reforma administrativa, la renovación y reorganización de las organizaciones partidistas dentro de los organismos e instituciones del sistema político, en la aplicación de los avances científicos y tecnológicos y de la transformación digital, así como en la capacidad de escuchar y responder a las opiniones del pueblo, tomando “la felicidad y el bienestar del pueblo como objetivo de lucha”. El punto de vista de que “el pueblo es la raíz”, “el pueblo es el dueño” y “el pueblo es el centro”… se refleja en expresiones nítidas del enfoque de un Partido “moral y civilizado”.
La vida política y cultural dentro del Partido se ha mejorado. El nivel de teoría política de los cuadros y militantes se ha elevado. Se ha fortalecido el trabajo de capacitación, formación y actualización de conocimientos y habilidades de liderazgo y gestión. La mayoría absoluta de los cuadros dirigentes y gerentes en todos los niveles ha sido dotada de conocimientos de teoría política y recibido formación y actualización conforme a las disposiciones vigentes. El movimiento de estudio y seguimiento del pensamiento, la moral y el estilo de Ho Chi Minh penetra cada vez más en profundidad. La cultura en el liderazgo, la gestión, la organización y el ejercicio del servicio público se ha convertido en un criterio importante para medir la capacidad de liderazgo y gobernanza, así como en los casos de la administración estatal, gobernanza nacional y gestión del desarrollo local. Los comités partidistas prestan atención a la construcción de una cultura y ética de servicio público y un modo de comportamiento dentro del sistema político, con criterios y manifestaciones concretas que reflejan la naturaleza cultural y civilizada del Partido.
La imagen y la confianza política en el Partido del pueblo se han consolidado y difundido ampliamente. Con las decisiones estratégicas e innovadoras que se han adoptado y continúan implementándose, así como a partir de los resultados sobresalientes alcanzados en la lucha contra la corrupción, a favor del desarrollo socioeconómico, la defensa de la soberanía nacional, la respuesta frente a epidemias y desastres naturales, la defensa y la seguridad, las relaciones exteriores y la integración internacional, se reafirma cada vez más el papel de liderazgo integral, acertado y sabio de nuestro Partido. Vietnam nunca ha tenido la fortuna, el potencial, la posición y el prestigio internacional que tiene hoy. Ello fortalece aún más la convicción del pueblo de que solo un partido verdaderamente moral y civilizado posee la capacidad y el prestigio para conducir a la nación a superar los desafíos y avanzar hacia el futuro.
3. Algunas cuestiones planteadas para la investigación, complementación y perfeccionamiento de los valores de la moral revolucionaria en el espíritu de construir un Partido que “sea moral y civilizado” en el nuevo contexto
Para materializar los puntos de vistas de construir un Partido verdaderamente “moral y civilizado” en la nueva etapa de desarrollo, conviene considerar algunas soluciones fundamentales:
En primer lugar, se debe persistir en aplicar y desarrollar creativamente la base teórica del Partido, preservar la naturaleza revolucionaria, científica y humanista del marxismo-leninismo y el pensamiento de Ho Chi Minh; combatir sin concesiones los puntos de vista erróneos y hostiles, y las manifestaciones de oportunismo político. Alejarse de los principios del marxismo-leninismo y el pensamiento de Ho Chi Minh significa apartarse de la esencia científica, revolucionaria, ética y humanista del Partido. En consecuencia, el Partido debe continuar renovando los contenidos y métodos de educación política e ideológica, combinando teoría y práctica, y prestando especial atención al “autoaprendizaje y la autodisciplina” de los cuadros y militantes. Debe impulsarse el estudio y el seguimiento del pensamiento, la moral y el estilo de Ho Chi Minh de manera concreta y efectiva: que cada cuadro y militante asuma un compromiso de práctica ética, cumplimiento del deber público y cultura de entrega vinculada a las responsabilidades y tareas asignadas. Es necesario utilizar de forma proactiva las tecnologías digitales y las redes sociales, conforme a las normas establecidas y respetando los estándares éticos, para difundir valores positivos, contrarrestar las tergiversaciones y consolidar el “frente ideológico” en el entorno digital. A ello debe sumarse la integración de la educación en los valores de la moral revolucionaria con la formación de una cultura relativa al comportamiento, la ética del servicio público y la ética profesional en todo el sistema político.
En segundo lugar, es preciso construir un entorno cultural ético y de civilización política dentro del Partido, situando la “ejemplaridad” como eje central y la “cultura política” como fundamento. En ese sentido, el Partido debe orientar la implementación, el desarrollo y la institucionalización de las normas éticas en un código de conducta político, moral y cultural para los militantes, considerándolo un “patrón de valores de comportamiento” en todas las actividades de las organizaciones del Partido y de los cuadros y militantes. Es necesario forjar un entorno de vida interna del Partido sano, democrático y humanista, combatiendo el formalismo, la enfermedad del logro aparente y la práctica de “hablar mucho y hacer poco”. Las células del Partido deben convertirse en espacios para debatir y desplegar métodos de liderazgo y trabajo ideológico sobre bases científicas, educativas e intelectuales, así como en lugares donde cada militante pueda examinarse, corregirse y perfeccionar su conducta moral. Debe considerarse la “ejemplaridad” como una obligación ineludible; incumplirla debe ser entendido como una falta a la ética militante. Asimismo, se debe desarrollar y difundir la “cultura política” en el Partido, que comprende la cultura de liderazgo, de gobierno y democrática, el diálogo, la rendición de cuentas, la crítica y autocrítica, la unidad y cohesión. Cada militante debe saber utilizar y promover el “poder cultural”, la inteligencia y una conducta ética, respetando los principios, pero impregnada de humanidad.
En tercer lugar, hay que renovar de manera enérgica el trabajo de cuadros - “la clave entre las claves”- para que el Partido sea verdaderamente “moral y civilizado”. El Presidente Ho Chi Minh consideraba que “los cuadros son la raíz de todo trabajo” y que “el éxito o el fracaso de toda tarea depende de si los cuadros son buenos o deficientes”. Para que el Partido sea realmente “moral y civilizado”, las cualidades, normas éticas, cultura y civilidad en el trabajo de personal deben ocupar el primer lugar. En consecuencia, el Partido ha de orientar la construcción de mecanismos de selección y utilización de cuadros basados en valores, capacidad, resultados concretos, contribuciones y la confianza del pueblo. Es preciso establecer un sistema de evaluación sustentado en datos y criterios cuantificables, vinculado a los resultados del desempeño, la formación ética y el espíritu de servicio al pueblo. Debe actuarse con firmeza para no nombrar, ni incluir en planes de promoción ni proponer para la reelección a cuadros carentes de ejemplaridad, con escasa capacidad o manifestaciones de oportunismo político. Asimismo, se debe ampliar la democracia en el trabajo de cuadros, transparentar procedimientos, expedientes y resultados de votaciones de confianza, y alentar al pueblo y al Frente de la Patria de Vietnam a participar en la supervisión y selección de cuadros. También es necesario formar una generación de cuadros jóvenes con conocimientos, ética, competencias digitales, firmeza política y capacidad de trabajo en entornos internacionales, construyendo el modelo del “militante civilizado” en la nueva era.
En cuarto lugar, es importante renovar los métodos de liderazgo y gobernanza del Partido con una orientación científica, democrática, civilizada y basada en el Estado de derecho. Que el Partido sea moral y civilizado no solo se expresa en las cualidades éticas de sus militantes, sino también en una forma de dirigir humanista, científica y moderna. En consecuencia, el Partido debe impulsar una transformación profunda, sustituyendo los métodos de liderazgo centrados en órdenes administrativas y consignas por una conducción basada en una visión estratégica, principios, regulaciones legales, ejemplaridad y capacidad de persuasión. Debe fortalecerse la descentralización y la delegación de competencias, acompañadas de la inspección, supervisión, control del poder y transparencia en la rendición de cuentas sobre los resultados. Asimismo, corresponde institucionalizar el mecanismo de “el Partido dirige, el Estado administra y el pueblo es dueño” mediante un sistema jurídico que defina claramente los derechos y responsabilidades, evitando superposiciones. También resulta necesario modernizar el trabajo de liderazgo y gestión del Partido a través de la transformación digital, la gobernanza de datos y el análisis de políticas mediante la aplicación de los avances científicos y tecnológicos. Igualmente, debe construirse un contingente estratégico de cuadros asesores del Partido dotados de inteligencia, ética, pensamiento innovador y visión a largo plazo.
En quinto lugar, hay que fortalecer la labor de inspección, supervisión y disciplina del Partido, depurando la ética para preservar la civilización del Partido. La inspección, la supervisión y la disciplina constituyen instrumentos para hacer cumplir la moral y los principios del Partido, y reflejan la equidad, la democracia y la civilidad en la gestión del poder. En ese sentido, el Partido debe establecer un sistema de inspección y supervisión proactivo, otorgando prioridad a la prevención, la educación y la alerta temprana; las medidas disciplinarias deben ser el último recurso, aunque aplicado con rigor. Es preciso reforzar la independencia y objetividad de las comisiones de control disciplinario en todos los niveles, así como ampliar los canales de supervisión por parte del Frente de la Patria de Vietnam, la prensa y el pueblo. Deben hacerse públicos los resultados del tratamiento de las infracciones y vincular la responsabilidad de los dirigentes con la del colectivo y los individuos cuando se produzcan irregularidades. La disciplina ha de entenderse como una “terapia” política, ideológica y moral, no solo destinada a disuadir, sino también a alertar y educar. Es necesario aplicar los avances de la ciencia y la tecnología en las tareas de inspección, seguimiento de variaciones patrimoniales e ingresos, y en la prevención y lucha contra la corrupción, el despilfarro y la negatividad dentro del Partido.
En sexto lugar, resulta vital promover el papel del pueblo, fundamento y medida para que el Partido “sea moral y civilizado”. El Presidente Ho Chi Minh subrayó: “Bajo el cielo no hay nada más valioso que el pueblo. En el mundo no hay fuerza más poderosa que la unidad del pueblo”. El Partido solo puede ser verdaderamente “moral y civilizado” cuando toma al pueblo como raíz y convierte su confianza y respaldo en el criterio esencial de la labor de dirección. En consecuencia, el Partido debe establecer mecanismos para que la ciudadanía participe con opiniones y supervise a cuadros y militantes mediante canales digitales y portales públicos en línea. Hace falta garantizar el diálogo periódico entre los dirigentes de los comités y las organizaciones del Partido con el pueblo, así como hacer públicos los compromisos de servicio y los resultados en la corrección de deficiencias. Asimismo, es necesario fortalecer el papel del Frente de la Patria de Vietnam y de las organizaciones de masas en la supervisión, crítica y formulación de recomendaciones sobre lineamientos, políticas, la ética, el estilo de vida, los métodos de liderazgo y sentido de responsabilidad de cuadros, militantes, funcionarios y empleados públicos.
En séptimo lugar, se debe desarrollar la capacidad de pensamiento científico e innovación creativa. Un Partido que “es civilizado” ha de funcionar sobre la base del conocimiento, el pensamiento científico y una visión previsora. En consecuencia, el Partido debe continuar renovando el pensamiento estratégico y elevar la capacidad de investigación, previsión y análisis crítico de los órganos asesores, centros científicos, academias e institutos de investigación. También debe intensificarse la inversión en la investigación y la educación teórica política, vinculándolas con la realidad de Vietnam y asimilando la quintaesencia de la humanidad. Igualmente, corresponde fortalecer entre cuadros y militantes las competencias digitales, la gestión tecnológica y la mentalidad innovadora. Debe alentarse, además, una cultura académica, el debate teórico y el diálogo abierto sobre políticas públicas en los ámbitos adecuados.
En octavo lugar, hay que construir y difundir los valores superiores del socialismo y la imagen de un Partido “moral y civilizado”. En el contexto de una integración internacional cada vez más profunda, es necesario reafirmar la identidad cultural de Vietnam y los valores superiores del sistema socialista, forjar y proyectar la imagen de un Partido que “sea moral y civilizado”, hacia una organización integrada por cuadros y militantes con ética, inteligencia, pensamiento científico, conducta ejemplar, visión estratégica y capacidad de orientación y construcción, siempre dispuestos a servir a la Patria y al pueblo./.
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* Prof., Asoc., Dr., Subdirector de la Academia Nacional de Política Ho Chi Minh
(1) Ho Chi Minh: Obras completas, Editorial Política Nacional Su That (La Verdad), Hanoi, 2011, tomo 2, pág. 289
(2) Ho Chi Minh: Obras completas, Íbid., tomo 8, pág. 274
(3), (4), (5) Ho Chi Minh: Obras completas, Íbid., tomo 5, págs. 289, 289, 292
(6) Ho Chi Minh: Obras completas, Íbid., tomo 15, pág. 622