Renovación del pensamiento de Vietnam en materia de relaciones exteriores, su percepción de la situación global, y su posición en la era de ascenso de la nación
Revista Comunista– La renovación del pensamiento en materia de relaciones exteriores, junto con una percepción acertada de la situación mundial y regional, así como del lugar y la posición de Vietnam en el devenir general de la época, constituye siempre un requisito esencial para que el país avance con firmeza, permitiéndole aprovechar las oportunidades, anticipar y superar los desafíos a fin de lograr un desarrollo de carácter innovador y garantizar al máximo los intereses de la nación y del pueblo. Tras casi 40 años de llevar a cabo la obra de renovación nacional, el Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha alcanzado importantes logros en el desarrollo del pensamiento teórico y en la implementación práctica de la labor de relaciones exteriores.
El secretario general del Partido Comunista de Vietnam y entonces presidente del país, To Lam, junto con los delegados y los embajadores de Vietnam recién nombrados tras recibir las decisiones de nombramiento, 14 de octubre de 2024. _Foto: Agencia Vietnamita de Noticias
El mundo se encuentra en un período de transformaciones de carácter epocal. El secretario general del PCV, To Lam, ha señalado que, de aquí a 2030, se trata de la etapa más crucial para la configuración de un nuevo orden mundial(1). Este es también un período de oportunidades estratégicas de especial importancia, una fase decisiva de la Revolución vietnamita para alcanzar dos objetivos estratégicos fijados para 2030(2) y 2045(3), en la que las oportunidades y los desafíos se entrelazan. Dicho contexto exige que la labor de relaciones exteriores, más que nunca, despliegue con fuerza su papel pionero, a fin de seguir contribuyendo de manera digna y sustantiva a la materialización de los objetivos estratégicos del país en la nueva era, la era del ascenso de la nación.
Situación mundial y regional, así como oportunidades y desafíos planteados en el período venidero
Identificación de la situación mundial y regional hasta 2030, con visión hacia 2045
En el contexto de un mundo que experimenta transformaciones profundas, marcado por un grado cada vez mayor de inestabilidad, imprevisibilidad e incertidumbre, resulta difícil formular un escenario preciso sobre la evolución de la situación mundial y regional en el período venidero. No obstante, a partir de las dinámicas actuales, es posible formular evaluaciones sobre algunas grandes tendencias del mundo y de la región desde ahora hasta 2030, con una visión proyectada hacia 2045, de la siguiente manera:
En primer lugar, el mundo continúa registrando profundos cambios en el equilibrio entre los centros de poder y las grandes potencias, en particular entre Estados Unidos y China, lo que acelera la transición de la configuración mundial hacia un modelo multipolar, multicéntrico y de múltiples niveles. Junto a Estados Unidos y China, el ascenso de otras potencias (Rusia, India, Brasil, entre otras), de los países en desarrollo y de los actores no estatales (especialmente los conglomerados tecnológicos) hará que la configuración multipolar se manifieste de forma cada vez más nítida.
Si bien las grandes potencias mantendrán el diálogo y la cooperación con el fin de reducir riesgos, la competencia estratégica seguirá siendo considerada el rasgo predominante en sus relaciones en la región. En los próximos cinco a siete años, dicha competencia se intensificará no solo en los ámbitos de la seguridad, la economía, los recursos naturales y la ciencia y la tecnología, sino también en los planos cultural, ideológico y de las iniciativas globales; entre las grandes potencias, entre los países desarrollados y los países en desarrollo, así como entre los Estados y los actores no estatales. El espacio de la competencia se ampliará igualmente a los dominios terrestre, marítimo y aéreo, al ciberespacio, al espacio ultraterrestre, al fondo marino y al subsuelo. Es probable que se intensifiquen las tendencias a la delimitación y la fragmentación, impulsando la conformación de nuevas agrupaciones de fuerzas en múltiples ámbitos.
Se prevé que las relaciones entre Estados Unidos y China continúen siendo el vínculo determinante que influya de manera decisiva en las relaciones internacionales a escala global y regional. Otras potencias, entre ellas Rusia, Japón e India, seguirán manteniendo su potencial económico y de defensa, así como su papel e influencia en la escena internacional(4).
Los países en desarrollo y los países del Sur Global adquirirán una posición cada vez más relevante. Según las proyecciones, para el año 2050, en el Sudeste Asiático, Indonesia se perfila como la octava mayor economía del mundo; el producto interno bruto (PIB) del bloque de la ASEAN alcanzaría aproximadamente más de 3 billones de dólares.
En segundo lugar, la paz, la cooperación y el desarrollo seguirán siendo tendencias predominantes en la región durante la próxima década y presumiblemente también la siguiente, aunque se verán cada vez más fuertemente desafiadas. Las formas y la naturaleza de las guerras y los conflictos futuros serán crecientemente asimétricas e irregulares, con un mayor uso de tecnologías avanzadas y un carácter de desgaste, por delegación, e incluso con un marcado sesgo de valores e ideologías. En los próximos años, no puede descartarse la posibilidad de una escalada más compleja, e incluso de conflictos militares en la región. En un contexto de creciente interdependencia, cualquier conflicto que estalle entre Estados puede interrumpir las cadenas globales de suministro, socavar la seguridad y la protección marítima, y entrañar el riesgo de provocar aumentos significativos en los precios de los alimentos y la energía. Si bien el papel del multilateralismo y del derecho internacional continúa siendo valorado, estos enfrentan mayores desafíos debido al aumento del proteccionismo y a las tendencias hacia la política de hegemonía y el unilateralismo. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) es considerada como un actor que seguirá desempeñando un papel central en la arquitectura regional en formación, aunque estará sometida a una mayor presión derivada del influjo ejercido por las grandes potencias, así como de determinados problemas internos. Al mismo tiempo, es previsible la aparición de nuevas formas de articulación y cooperación multilateral, incluidos mecanismos de “minilateralismo”(5); así como en otros ámbitos, especialmente en las nuevas ciencias y tecnologías.
En tercer lugar, las crisis podrían producirse con mayor frecuencia, con un impacto más amplio y/o presentarse como crisis combinadas (desastres naturales, conflictos, pobreza, epidemias, desigualdad). Los desafíos de seguridad no convencionales inciden de manera cada vez más interconectada, multidimensional y transfronteriza. El cambio climático, los desastres naturales, la ciberseguridad, la seguridad energética, la seguridad hídrica, el terrorismo, las epidemias y la delincuencia transnacional, entre otros, continuarán intensificándose, lo que exige enfoques multidisciplinarios, intersectoriales y la movilización de recursos de respuesta a escala global.
En cuarto lugar, la economía mundial y regional continuará creciendo, aunque con numerosos riesgos latentes. Se prevé que el crecimiento del PIB mundial se sitúe en torno al 3,2 % en los años 2024 y 2025(6). A mediano plazo, es probable que su crecimiento sea inferior a las proyecciones anteriores, en un contexto en el que los países de ingresos bajos y medianos afrontan múltiples dificultades para converger hacia niveles de ingresos más elevados.
Por un lado, la Cuarta Revolución Industrial, los avances científico-tecnológicos (inteligencia artificial – IA, industria de semiconductores, biotecnología, internet satelital, redes 5G y 6G, entre otros) y las tendencias de transformación digital y transición verde generarán nuevos motores para sectores económicos dinámicos, como el comercio electrónico, la tecnología financiera (fintech), la banca digital y la cadena de bloques (blockchain), abriendo oportunidades de desarrollo acelerado para los países, incluidos aquellos en desarrollo. Por otro lado, bajo el impacto creciente de la competencia entre las grandes potencias, se seguirá impulsando la reconfiguración de las cadenas de suministro y de la inversión con prioridad hacia socios y zonas geográficas cercanas (onshoring, friendshoring, nearshoring). Paralelamente, se intensificarán las tendencias proteccionistas, el fortalecimiento de la aplicación de los derechos de propiedad intelectual y el control de las exportaciones de recursos estratégicos. Muchos países reforzarán su autonomía estratégica y diversificarán sus cadenas de suministro frente a choques externos, al tiempo que incrementarán los controles a la exportación o impondrán nuevos estándares (sobre emisiones de carbono, lucha contra la deforestación, impuestos, entre otros). Asimismo, numerosos países profundizarán el desarrollo de tecnologías de bajas emisiones y bajo carbono, así como de energías renovables, tales como la energía nuclear, el hidrógeno verde, el desarrollo de centrales nucleares flotantes y de reactores nucleares modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés)... La tendencia a la “desdolarización” seguirá intensificándose en un contexto en el que Rusia, China y otros países promueven cada vez más los pagos en monedas nacionales.
En quinto lugar, las cuestiones de gobernanza social, las nuevas corrientes sociales, la demografía y el envejecimiento de la población tienen cada vez mayor impacto en la seguridad y el desarrollo de los países. Los asuntos internos de los Estados y las regiones se ven fuertemente influidos por las tensiones geopolíticas, los efectos negativos de la globalización, el riesgo de invasión cultural, la migración e inmigración, las nuevas corrientes sociales, las noticias falsas y las informaciones nocivas, así como el extremismo en las redes sociales. Las cuestiones étnicas, el nacionalismo, el populismo y el proteccionismo adquieren una influencia cada vez mayor. Los cambios demográficos y el envejecimiento de la población constituyen una tendencia global. La denominada “economía plateada” puede convertirse en un importante motor del crecimiento económico. Para 2050, se estima que el mundo contará con alrededor de 1.600 millones de personas mayores de 65 años(7). Mientras tanto, la generación de los “millennials”(8) que suma aproximadamente 1.800 millones de personas, será la principal fuerza laboral en el período venidero(9).
En sexto lugar, la región de Asia-Pacífico-Índico continúa siendo la “locomotora” del desarrollo dinámico, el principal mercado atractivo para los inversionistas, el epicentro de nuevos esquemas de integración económica y un motor clave del crecimiento económico mundial, aunque sigue siendo también el foco central de la competencia entre las grandes potencias. En la actualidad, la región de Asia-Pacífico-Índico concentra más del 60% de la población mundial, más del 60% del valor total del comercio marítimo, alrededor del 60% del PIB global y alberga cuatro de las cinco mayores economías del mundo (Estados Unidos, China, Japón e India). Asimismo, es sede de importantes acuerdos económicos, como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) y el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), y constituye un centro neurálgico de la ciencia, la tecnología y la innovación. Para el año 2050, se prevé que Asia por sí sola represente hasta el 52% de la economía mundial y aporte cerca de dos tercios del crecimiento económico global(10). Junto a otros posibles “puntos calientes” en Asia Oriental, la situación en el Mar del Este entrará en una nueva fase de complejidad, con un aumento de los riesgos y de la imprevisibilidad.
Evaluación de las oportunidades y los desafíos para Vietnam en la nueva era
Tras casi 40 años de llevar a cabo el proceso de renovación (Doi Moi) bajo el liderazgo del Partido Comunista de Vietnam, el país ha mantenido firmemente su independencia, soberanía, unidad e integridad territorial; se ha situado entre las 40 mayores economías del mundo y entre los 20 principales países en términos de comercio internacional; ha establecido relaciones diplomáticas con 194 países y vínculos económicos con más de 230 Estados y territorios, además de contar con una red de 35 socios estratégicos, socios estratégicos integrales y socios integrales, incluidas relaciones de asociación estratégica con todos los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Con los logros alcanzados, su potencial, posición y prestigio internacional actuales, se espera que Vietnam realice mayores aportes a los esfuerzos por mantener la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible de la región y del mundo, así como al proceso de configuración de marcos jurídicos internacionales justos y equitativos.
Los profundos cambios en el equilibrio entre los centros de poder y las grandes potencias están generando numerosas oportunidades, pero también desafíos entrelazados, para la implementación de las tareas de la política exterior.
Sobre las oportunidades
La paz, la cooperación y el desarrollo continúan siendo tendencias predominantes. Aunque las grandes potencias mantienen una competencia intensa, siguen evitando la confrontación y los conflictos directos, y conservan la necesidad de preservar la paz y la estabilidad tanto a nivel regional como global. El aprovechamiento eficaz de las ventajas de la posición geográfica, junto con la apertura de las relaciones exteriores, generará mayores márgenes para impulsar la cooperación, la diversificación y la interconexión de intereses en el marco de las Naciones Unidas, la ASEAN, los mecanismos de cooperación subregional del río Mekong, así como en los ámbitos de la conectividad de infraestructuras, la integración económica y digital, la cooperación en la transferencia de la ciencia y tecnología, la educación y la formación, y los intercambios pueblo a pueblo con los países de la región y del mundo. Todo ello contribuirá a crear una necesaria convergencia de intereses para el mantenimiento de un entorno de paz y estabilidad y para el fortalecimiento de las relaciones con los principales socios dentro y fuera de la región; además, abrirá nuevas oportunidades para afirmar y elevar la posición del país, aportar a la configuración de marcos jurídicos internacionales en nuevos ámbitos acordes con los intereses nacionales y del pueblo, así como a la solución de los problemas comunes de la región y del mundo.
Los logros de la Cuarta Revolución Industrial, junto con los nuevos avances de la ciencia y tecnología y en los ámbitos emergentes de desarrollo, están abriendo oportunidades para dar un salto cualitativo y acortar la brecha de desarrollo con el mundo, incluidos los países de desarrollo tardío. Aprovechar el conocimiento, la experiencia y los recursos de apoyo de la comunidad internacional contribuirá a generar importantes impulsos de carácter innovador y disruptivo para la economía.
En un contexto en el que las grandes potencias intensifican la puesta en marcha de iniciativas de cooperación y vinculación económica internacional, y se forman nuevas cadenas de suministro y de producción, se están abriendo oportunidades para mejorar la posición en las cadenas de suministro y de producción a nivel regional y global, siempre que se logre aprovechar oportunamente estas coyunturas. La mejora y elevación del nivel de las relaciones con numerosos socios clave crea un amplio margen para expandir los mercados de exportación e importación, atraer inversión extranjera directa (IED) y ayuda oficial al desarrollo (AOD) de alta calidad, y promover avances decisivos en materia institucional, de infraestructuras y de recursos humanos.
Sobre los desafíos
El entorno internacional y regional experimentará transformaciones cada vez más profundas, con impactos significativos en la seguridad y el desarrollo, lo que generará numerosas dificultades para la labor de liderazgo, gestión y administración en la protección de la soberanía y la integridad territorial, el desarrollo socioeconómico, la seguridad humana, así como el mantenimiento del orden y la seguridad social, entre otros ámbitos. El aumento de las tendencias hacia el hegemonismo, las acciones unilaterales y las violaciones del derecho internacional plantea serios desafíos para la defensa de la soberanía y la garantía de la defensa y la seguridad nacionales de los países. La interacción entre los desafíos de seguridad tradicional y los no convencionales seguirá siendo un riesgo permanente, difícil de resolver y potencialmente más complejo, en un contexto mundial caracterizado por profundas transformaciones y por un nivel cada vez mayor de inestabilidad, imprevisibilidad e incertidumbre.
Existe un riesgo real de rezago si no se aprovechan adecuadamente las oportunidades para transitar hacia un modelo de desarrollo basado en la innovación, el conocimiento y las tecnologías de alta gama. Numerosos países de la región y del mundo están intensificando sus esfuerzos por mejorar el entorno empresarial, atraer inversión extranjera directa y desarrollar sectores industriales, lo que genera una competencia cada vez más intensa. Además, los desafíos sociales, en particular el envejecimiento de la población —una tendencia que se manifiesta en un número creciente de países a nivel mundial—, continúan agravándose, afectando a la fuerza laboral y generando una pesada carga para los presupuestos de protección social.
Este contexto plantea exigencias más elevadas para la política exterior de Vietnam en la nueva etapa.
Se requiere el ajuste del pensamiento y de la percepción sobre los objetivos, principios, lineamientos y tareas de la política exterior. La posición y el papel de la política exterior en la nueva etapa se definen como “fundamentales y permanentes”, junto con la defensa y la seguridad. El objetivo de la política exterior en cualquier período es servir a los “intereses nacionales y del pueblo”; sin embargo, su concreción y la determinación de prioridades varían según cada etapa histórica. En la era del ascenso de la nación vietnamita, orientada al cumplimiento de los objetivos fijados para 2030 y 2045, los intereses relacionados con el desarrollo socioeconómico, la protección de la causa de la renovación, así como la industrialización y la modernización del país, deben situarse en un lugar prioritario. Los principios y lineamientos de la política exterior consisten en “proteger al máximo los intereses nacionales y del pueblo”, “combinar la fuerza de la nación con la fuerza de la época” y “mantener lo inmutable para responder a los cambios”. No obstante, las modalidades de aplicación de dichos principios y lineamientos deben ajustarse y renovarse de manera acorde con la situación, a fin de contribuir a la materialización exitosa de los objetivos de desarrollo del país.
Las tareas de las relaciones exteriores giran fundamentalmente en torno a los objetivos de defensa, seguridad, desarrollo y elevación de la posición internacional del país. El XIII Congreso Nacional del Partido (enero de 2021) afirmó el “papel pionero de las relaciones exteriores” en la “creación y preservación de un entorno de paz y estabilidad, la movilización de recursos externos para el desarrollo nacional, así como el fortalecimiento de la posición y el prestigio del país”. En la etapa venidera, las tareas del sector deben concretarse y situarse en un nivel superior, en estrecha consonancia con el espíritu de las orientaciones del secretario general y presidente del Estado, To Lam, expresadas en la reunión de trabajo con el Comité partidista del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre la implementación de la política exterior del XIII Congreso del Partido y el desarrollo del sector diplomático.
Estas orientaciones reflejan la renovación del pensamiento sobre la posición y el papel de las relaciones exteriores en la nueva era, la era del ascenso de la nación. Se trata de una diplomacia más proactiva, activa y creativa, que articula de manera más estrecha lo interno y lo externo, genera condiciones favorables y realiza contribuciones concretas al cumplimiento de los objetivos de desarrollo del país en la nueva etapa. Al mismo tiempo, es una diplomacia con mayor capacidad y disposición para contribuir de forma más amplia y eficaz a la solución de los problemas comunes de la región y del mundo, creando una nueva fuerza e impulso para el país y elevando aún más su prestigio en la escena internacional.
El cambio en la percepción y en la evaluación de la situación mundial y regional en el período venidero constituye la base para los ajustes y transformaciones en el pensamiento y en la implementación de la política exterior. Una comprensión precisa de las tendencias de desarrollo en el mundo, vinculada al rumbo, los objetivos y las exigencias del desarrollo nacional, permitirá ubicar correctamente a Vietnam en el flujo general de la evolución mundial.
El camino, los objetivos y las exigencias del desarrollo del país han sido definidos con claridad. Entre ellos, la máxima prioridad es cumplir con éxito los objetivos estratégicos fijados para 2030, con el propósito de que Vietnam se convierta en un país en desarrollo con una industria moderna y un nivel de ingresos mediano alto; y para 2045, en un país socialista desarrollado con altos ingresos; al mismo tiempo, poner en lo más alto el espíritu nacional, la autodeterminación, la confianza, la autosuficiencia, la resiliencia y el orgullo nacional, así como la aspiración en pos del desarrollo del país, combinando la fuerza nacional con la de la época. Para alcanzar estos objetivos, Vietnam necesita garantizar una serie de condiciones, entre ellas:
Preservar un entorno de paz y estabilidad, y mantener un panorama de relaciones exteriores amplio y favorable al desarrollo. Junto con la firme defensa de la independencia, la soberanía y la integridad territorial, y la respuesta eficaz a los desafíos de seguridad tradicionales y los no convencionales, cada vez más interconectados, Vietnam necesita seguir afianzando de manera sólida su red de relaciones con los socios, especialmente con las grandes potencias y con los principales centros económicos, científicos y tecnológicos del mundo, a fin de maximizar las oportunidades de cooperación al servicio de los objetivos de desarrollo nacional en la nueva era.
Liberar los motores de crecimiento de la economía, renovar los motores de crecimiento tradicionales (comercio y exportaciones) al tiempo que se buscan y potencian activamente nuevos impulsores del crecimiento, en particular los sectores y ámbitos de alto contenido tecnológico (tecnologías digitales, semiconductores, inteligencia artificial, biotecnología, agricultura inteligente, entre otros), con el objetivo de mantener un crecimiento elevado y sostenido, y de lograr un avance acelerado y transformador.
Profundizar la integración económica internacional y participar en un nivel más elevado dentro de las cadenas de suministro regionales y globales. Vietnam necesita acumular y transformar de manera más eficaz los recursos externos en fuerzas endógenas, creando así una base sólida para llevar adelante con éxito la industrialización y la modernización del país. Es fundamental aprovechar las ventajas derivadas de los acuerdos de libre comercio (TLC), como el CPTPP, el RCEP y el Acuerdo de Libre Comercio Vietnam–Unión Europea (EVFTA), entre otros, para ampliar y diversificar los mercados. En este sentido, Vietnam debe fortalecer de manera estrecha y eficaz la articulación entre las empresas nacionales y las extranjeras con orientación exportadora, elevar la competitividad de las empresas nacionales, en particular de las pequeñas, medianas y microempresas, mediante la inversión en ciencia y tecnología, el aumento de la productividad y la calidad, así como la formación y el desarrollo de los recursos humanos.
Renovar las instituciones, eliminar los cuellos de botella y allanar el camino al desarrollo; continuar perfeccionando las políticas y el marco jurídico, y elevar la eficacia y la eficiencia de la gestión estatal. Este aspecto es considerado actualmente como el “cuello de botella de los cuellos de botella” para el desarrollo del país, y debe ser resuelto con determinación a fin de crear nuevos impulsos para el crecimiento.
Desarrollar recursos humanos de alta calidad capaces de satisfacer las exigencias del proceso de configuración de nuevos modos de producción avanzados y modernos, así como los requerimientos de una integración internacional cada vez más profunda. Al mismo tiempo, elaborar planes a largo plazo, adecuados y coherentes, para responder de manera eficaz a los desafíos planteados.
Algunas cuestiones planteadas para la política exterior de Vietnam en la era del ascenso de la nación
En primer lugar, es preciso continuar otorgando la máxima prioridad a una política exterior al servicio del desarrollo, sobre la base de aprovechar de manera eficaz el panorama de relaciones exteriores favorable y abierto del país, así como las fortalezas específicas de la diplomacia vietnamita. A la par de situar el enfoque de “servir al desarrollo” en el centro de todas las tareas y ámbitos de la política exterior, es necesario concentrarse en explotar eficazmente los marcos de relación con los socios para promover oportunidades de cooperación económica y científico-tecnológica, especialmente en cuanto a las tecnologías emergentes, contribuyendo así a la acumulación de fuerzas endógenas que permitan al país avanzar y lograr un desarrollo acelerado, completando con éxito el proceso de industrialización y modernización. Con su carácter pionero, la política exterior debe seguir intensificando la recopilación de información y el estudio de las experiencias de desarrollo de otros países, en particular en materia de renovación institucional y de políticas, así como de superación de la “trampa del ingreso medio”. Al mismo tiempo, la diplomacia dispone aún de amplios márgenes para desempeñar un papel de coordinación, articulación y desbloqueo de cuellos de botella en la implementación de compromisos y acuerdos con los socios internacionales, especialmente en ámbitos clave como el desarrollo de infraestructuras estratégicas, la energía y la conectividad digital, promoviendo una “cultura de cumplimiento” y elevando la eficacia y el carácter sustantivo de la cooperación con los socios.
En segundo lugar, se debe potenciar con fuerza el papel fundamental y permanente de la política exterior, en coordinación con los demás sectores y fuerzas, en particular mediante una estrecha articulación entre la defensa, la seguridad y la diplomacia, a fin de preservar un entorno de paz y estabilidad y salvaguardar firmemente la independencia, la soberanía, la unidad y la integridad territorial del país; así como identificar y neutralizar “desde temprano y a distancia” los desafíos para la seguridad y el desarrollo nacionales. Al mismo tiempo, es necesario prestar mayor atención al carácter dialéctico, a la estrecha interrelación y a la mutua transformación entre los intereses de seguridad y de desarrollo. Resulta imprescindible combinar de manera estrecha la economía con la defensa y la seguridad, incluido el impulso de la cooperación económica en las zonas fronterizas con los países vecinos, contribuyendo así a consolidar las fronteras de paz, amistad, cooperación y desarrollo.
En tercer lugar, hay que reforzar el papel de liderazgo mediante iniciativas e ideas, contribuyendo de forma proactiva a la construcción y a la participación en la configuración de normas y reglas de conducta en las relaciones internacionales. Con la nueva posición y capacidad del país, y con una disposición clara a aportar de manera más activa a la solución de los problemas comunes del mundo, la diplomacia multilateral debe ser elevada a un nivel más sustantivo, especialmente en los mecanismos de la ASEAN, las Naciones Unidas y la Subregión del río Mekong. Vietnam puede desplegar iniciativas y asumir un papel activo en cuestiones relacionadas con la paz, la seguridad y el desarrollo regional; participar de manera temprana y proactiva en la formación de nuevos marcos y “reglas del juego”, en particular en los ámbitos vinculados a la tecnología, garantizando al máximo los intereses nacionales y del pueblo.
En cuarto lugar, es importante articular de manera integral y armoniosa la diplomacia política, la diplomacia económica, la diplomacia cultural y en otros ámbitos, en los que la diplomacia política constituye el eje central, la diplomacia económica es un motor de avance y la diplomacia cultural actúa como fundamento. En consecuencia, la diplomacia política debe seguir consolidando firmemente la confianza política, profundizando la interconexión de intereses con los socios y gestionando de manera eficaz e integral las relaciones con los países vecinos, las grandes potencias y los socios clave, contribuyendo así a crear una nueva posición y capacidad para el país. La diplomacia económica ha de dinamizar los motores internos, abrir nuevas perspectivas de desarrollo y contribuir a lograr avances decisivos en un crecimiento económico sostenible; al mismo tiempo, aportar al mantenimiento de un desarrollo sano y estable de la economía mundial y a la respuesta a los desafíos globales. La diplomacia cultural, por su parte, no solo refuerza la base espiritual, promueve el entendimiento mutuo y facilita las relaciones exteriores, sino que también contribuye a desarrollar y fortalecer el poder blando y la posición internacional del país. Asimismo, es necesario impulsar nuevas modalidades de diplomacia acordes con las necesidades y orientaciones del desarrollo nacional en la nueva etapa, especialmente la diplomacia científico-tecnológica, la diplomacia agrícola y la diplomacia ambiental, entre otras.
En quinto lugar, hace falta elevar el nivel de la labor de investigación, asesoramiento y previsión estratégica, reflejando el espíritu de una “diplomacia en la nueva era” integral, moderna y profesional. Los productos de investigación y asesoramiento deben ser más interconectados, intersectoriales y globales, sobre la base de una estrecha coordinación entre todos los pilares y fuerzas que participan en la labor de relaciones exteriores. En particular, la política exterior debe fortalecer de manera más decidida su papel en la investigación y el asesoramiento en materia de economía exterior del país, incluida la estrategia de integración económica internacional en profundidad y el fortalecimiento del papel, la posición y la participación de Vietnam en las cadenas de suministro regionales y globales. Asimismo, es fundamental seguir de cerca la evolución de la situación internacional que incide en la seguridad y el desarrollo nacionales, especialmente en lo relativo a los países vecinos, las grandes potencias y los socios clave, así como las nuevas tendencias de desarrollo, anticipar oportunidades y desafíos, y formular orientaciones, decisiones y opciones de respuesta adecuadas.
En sexto lugar, resulta crucial construir un contingente de cuadros diplomáticos en la nueva era que sean a la vez “virtuosos” y “competentes”, con una firmeza política, conocimientos y competencias integrales a la altura de los estándares regionales e internacionales, con un profundo dominio del derecho internacional, de las tradiciones, costumbres, cultura y legislación de los países de destino, así como de los principios de la política exterior y de la cooperación internacional; y que mantengan de manera permanente un espíritu pionero de innovación y creatividad, realizando contribuciones concretas al cumplimiento de los objetivos de la política exterior en la nueva etapa. Para lograrlo, el trabajo de cuadros debe seguir siendo “el factor clave entre los factores clave” en la tarea de construcción y desarrollo del sector diplomático en el tiempo venidero. Puede afirmarse que este es un requisito previo indispensable para que el sector de relaciones exteriores continúe avanzando con fuerza y contribuya de manera digna al cumplimiento de los objetivos y las estrategias de desarrollo nacional en la era del ascenso de la nación./.
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(1) Tô Lâm: «Algunas percepciones fundamentales sobre la nueva era, la era del ascenso de la nación», Revista Comunista, No. 1.050, noviembre de 2024, pág. 4.
(2) 100 años de la fundación del Partido, con el objetivo de convertir a Vietnam en un país en desarrollo de ingresos medianos altos.
(3) 100 años de la fundación de la República Democrática de Vietnam, actual República Socialista de Vietnam, con el objetivo de convertir al país en una nación desarrollada de altos ingresos.
(4) Se prevé que Rusia se sitúe entre la 8.ª y la 10.ª mayor economía del mundo para 2030, con un presupuesto de defensa estimado en unos 123.000 millones de USD, ocupando el cuarto lugar a nivel mundial. Se estima que Japón ascienda al 6.º lugar entre los diez países con mayor gasto en defensa para 2030. India, por su parte, mantendría su posición como la tercera mayor economía mundial en 2030, con un gasto militar previsto de 183.000 millones de USD.
(5) Manifestado a través de mecanismos como el Grupo del “Cuadrilátero” (QUAD), el Acuerdo de Asociación de Seguridad Trilateral entre Estados Unidos, el Reino Unido y Australia (AUKUS), el grupo de economías desarrolladas y emergentes (BRICS), la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), el mecanismo “Five Eyes”, así como los acuerdos sobre semiconductores CHIP4 y CHIP5.
(6) Véase: Nguyen Hang: «El FMI ajusta las previsiones de crecimiento para 2024 de algunas economías», Vietnamplus, 22 de octubre de 2024, https://www.vietnamplus.vn/imf-dieu-chinh-du-bao-tang-truong-nam-2024-doi-voi-mot-so-nen-kinh-te-post986822.vnp?gidzl=7e9ADcoKRaOQd4mpQejfHHoQI3TttMf2Lin9CYNQR4PMc4zWTum-556JI6yirsDB3C4JFML59XD2QfLXJG
(7) Informe «Un mundo que envejece: 2015» de la Oficina del Censo de Estados Unidos, publicado el 28 de marzo de 2016.
(8) Generación nacida a comienzos de la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990 del siglo XX.
(9) Datos del Foro Económico Mundial (FEM), noviembre de 2021.
(10) Véase: «ASIA 2050: Realizing the Asian Century» (Traducción provisional: Asia 2050: Hacer realidad el siglo asiático), Banco Asiático de Desarrollo, 2025, Asian Development Bank, 2025, https://www.adb.org/sites/default/files/publication/28608/asia2050-executive-summary.pdf